Cuenta la leyenda que Narciso era un joven tan bello que estaba enamorado de sí mismo. Tanto que, según la mitología, rechazaba a todas las chicas que le pretendían. Salvando las distancias, el mito de Narciso recuerda a esos adolescentes, y no tan adolescentes, que prendados de sus perfiles en redes sociales, les prestan más atención a éstos que a las personas que tienen al lado.

Resulta seductor preguntarse hasta qué punto la adicción a las redes sociales no puede estar degenerando en una especie de narcisismo revisitado, un trastorno del ego inflamado que padecerían las personas que manifiestan las siguientes conductas:

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Parece que una de las características con las que los seres humanos venimos de serie es la imitación. Lo imitamos todo. Con independencia de si debemos a Rizzolatti y a las neuronas espejo de sus macacos el descubrimiento de una base neuronal para este fenómeno, lo cierto es que cualquier observación, siquiera accidental, nos devuelve la clara conclusión de que estamos hechos para la imitación. Los memes son una buena prueba de ello, aunque quizá anecdótica, y la moda es una muestra de mucho más impacto.

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Por diferentes razones, la educación se ha puesto de moda. O mejor dicho, se ha puesto de moda hablar sobre ella. Y muchas de las voces que se oyen, a veces incluso por encima de otras más solventes, no son sino opiniones poco fundamentadas. Uno de los peligros de las redes sociales es confundir opinión con criterio. Opinión tenemos todos, como todos tenemos nariz. Otro asunto más complicado es tener criterio. Aquí van algunas reflexiones a medio camino entre ambos extremos.

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Uno de los signos de nuestro tiempo es que la identidad virtual es un fenómeno que ha venido para quedarse. No se trata de si estamos a favor de las redes sociales o no, o de si estos medios encierran más peligros que ventajas. Se trata de que, a día de hoy, en la amplia mayoría de las profesiones, la sociedad espera que cada persona tenga un reflejo virtual. Por eso al conocer a alguien lo primero que hacemos es buscar su identidad en Internet. Y por eso también cualquier reinvención profesional tiene que ir acompañada de una estrategia de huella digital que requiere esfuerzo, pero sobre todo tiempo.

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La reinvención profesional es fundamentalmente un proceso de descubrimiento en el cual la persona se refleja en su propia identidad para averiguar qué otros caminos puede transitar. Desde luego no solo sigue los caminos que cada uno vislumbra como posibles, sino sobre todo los deseables. Y suele tener que ver con aficiones o sueños que, de alguna manera, han estado siempre presentes en la biografía de cada individuo.

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Que el cambio es lo único estable es ya un signo de nuestro tiempo. Y en esa constante turbulencia cada vez son más los profesionales que se plantean reinventarse. En algunos casos porque llega un momento en su vida en el que se dan cuenta de que lo que están haciendo no coincide con lo que realmente querrían hacer. Y en otros porque son desvinculados de las empresas para las que trabajan, y se plantean la recolocación con una perspectiva amplia, en la que caben más desempeños que el que han estado llevando a cabo hasta el momento. Sean cuales sean estos puntos de partida, hay ciertos parámetros de la reinvención profesional que son comunes.

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