Uno de los signos de nuestro tiempo es que la identidad virtual es un fenómeno que ha venido para quedarse. No se trata de si estamos a favor de las redes sociales o no, o de si estos medios encierran más peligros que ventajas. Se trata de que, a día de hoy, en la amplia mayoría de las profesiones, la sociedad espera que cada persona tenga un reflejo virtual. Por eso al conocer a alguien lo primero que hacemos es buscar su identidad en Internet. Y por eso también cualquier reinvención profesional tiene que ir acompañada de una estrategia de huella digital que requiere esfuerzo, pero sobre todo tiempo.

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La reinvención profesional es fundamentalmente un proceso de descubrimiento en el cual la persona se refleja en su propia identidad para averiguar qué otros caminos puede transitar. Desde luego no solo sigue los caminos que cada uno vislumbra como posibles, sino sobre todo los deseables. Y suele tener que ver con aficiones o sueños que, de alguna manera, han estado siempre presentes en la biografía de cada individuo.

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Que el cambio es lo único estable es ya un signo de nuestro tiempo. Y en esa constante turbulencia cada vez son más los profesionales que se plantean reinventarse. En algunos casos porque llega un momento en su vida en el que se dan cuenta de que lo que están haciendo no coincide con lo que realmente querrían hacer. Y en otros porque son desvinculados de las empresas para las que trabajan, y se plantean la recolocación con una perspectiva amplia, en la que caben más desempeños que el que han estado llevando a cabo hasta el momento. Sean cuales sean estos puntos de partida, hay ciertos parámetros de la reinvención profesional que son comunes.

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La autoestima ha pasado a ser una de las características personales más cotizadas en nuestros días. Muchos padecimientos emocionales cursan con baja autoestima y, al contrario, muchas de las personas de éxito que conocemos aparentan tener una autoestima alta. En definitiva, parece algo que todo el mundo quiere tener.

Sin embargo, la gran trampa de la autoestima consiste en que, en nuestra sociedad, nos hemos acostumbrado a condicionar nuestra autoestima al logro de objetivos, en general a aquellos que la sociedad valora. Y con ello cometemos dos errores importantes:

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Para bien o para mal, hoy casi todo está afectado por el uso de la tecnología. Por ejemplo, frente a lo que cualquiera podría pensar, el tiempo que pasamos en los restaurantes es cada vez mayor debido a ella. Hace no tanto, un post anónimo recogía cómo habían evolucionado nuestras costumbres entre 2004 y 2014: para empezar, cuando viene el camarero para tomar la comanda, casi nadie está listo porque todo el mundo está enterrado en su móvil comprobando si alguien ha puesto un «me gusta» en su última actualización. Un poco más adelante, cuando vienen los platos, la gente se entretiene en sacarles fotos hasta que se quedan fríos y entonces hay que calentarlos, con la consiguiente pérdida de tiempo. Eso sin contar las fotos que se sacan los comensales entre sí, o las que piden a los camareros que les saquen. Por último, los clientes se demoran en pedir la cuenta porque están de vuelta en las redes sociales, y al final tropiezan al salir con el mobiliario o con otros clientes porque siguen absortos en sus móviles. Todo esto, parece ser, prácticamente duplica el tiempo que pasamos en un restaurante.

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El desdoblamiento de personalidad es uno de los argumentos universales, esos que están tan arraigados en la historia de cada uno y en la historia de todos nosotros que apenas podríamos explicar la historia de la civilización sin ellos. Junto con los relatos de amor prohibido, otros en las que una persona aparentemente normal se convierte en héroe y muchos más, la idea de la doble personalidad ha sido reiteradas veces explotada en diversas novelas, cómics y películas, desde Dr. Jekyll y Mr. Hyde hasta Hulk, La Máscara o Sra. Doubtfire. Pero nunca ha sido tan cierto como hoy que casi todos los seres humanos somos, simultáneamente, dos personas. Y con el ya aparentemente imparable avance de los sistemas de realidad virtual para consumo masivo, como es el caso de Oculus Rift, Playstation VR o Daydream View, cada vez lo seremos más.

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