En el modelo del triángulo de la responsabilidad un elemento esencial de la conducta responsable es que la persona tiene que controlar la situación, es decir, tiene que poseer competencias y recursos suficientes como para hacer lo que se le pide. Quizá de las tres categorías de excusas la más contundente, y por eso la más dañina, es cuando el profesional afirma no tener control sobre la situación.

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Para que haya conducta responsable, según el modelo del triángulo de la responsabilidad, la persona tiene que sentirse vinculada a los objetivos, normas o tareas. En el mundo de las organizaciones esta vinculación normalmente se encuentra en el descriptivo de cada puesto, aunque lo cierto es que las estructuras cada vez son más cambiantes y orgánicas, y cada vez hay más tareas que son acometidas por varias personas, no quedando del todo claro de quién es la responsabilidad última. Gran oportunidad para los excusadores.

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Uno de los pilares del triángulo de la responsabilidad es la claridad en los objetivos. Nos vinculamos de manera responsable a las tareas porque vemos claro cómo llevarlas a cabo. Lógicamente, una de las formas de debilitar el compromiso que tenemos con nuestras ocupaciones, y así plantear una soberbia excusa, es aducir que no sabemos exactamente lo que tenemos que hacer, porque no está claro.

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El hilo que une nuestra conducta a nuestras tareas se llama responsabilidad. Acometemos las tareas porque nos sentimos responsables de ellas. Como evidentemente nadie hace nada que no sienta como cometido propio, el motor nuclear que produce las excusas opera precisamente a ese nivel, es decir, desvinculando la conducta de las tareas, debilitando así el vínculo de la responsabilidad. Resulta sumamente interesante analizar cómo ocurre este fenómeno.

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Las excusas son uno de los inventos del ser humano que resultan más dañinos para la productividad. Una excusa es básicamente una pirueta creativa que nos aleja de lo que es nuestro deber, disminuyendo así nuestro rendimiento y alejándonos de nuestros objetivos. Están directamente emparentadas con otra importante debilidad, que es dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy. Excusas y procrastinación son dos aliados perversos que deberíamos erradicar de nuestro mundo profesional.

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Cada vez las frases, los párrafos y los artículos son más breves, hay más imágenes e infografías, y cada vez más el contenido está estructurado de forma que aparezcan destacadas las ideas más importantes o, quizá peor aún, están enumeradas como si de un recetario se tratara: “los 3 secretos del management”, “10 claves para posicionar un sitio web”, “una estrategia de medios en 5 pasos”, y así sucesivamente. Da la sensación de que cualquier reflexión o procedimiento puede ser desollado, escurrido, cocinado y emplatado en un aperitivo que apenas lleve un minuto digerir.

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