El único tipo de problema que realmente existe en la empresa

Hasta escribir un email es, hoy, un problema creativo.

De la redacción de un correo a la innovación más sofisticada: por qué todos los problemas de una empresa son, en el fondo, el mismo tipo de problema.

Cuando termines de leerlo verás cualquier problema de tu empresa bajo una luz distinta: la de la creatividad.

Por Jesús Alcoba, escritor y conferenciante.

Tiempo de lectura: 4 minutos.

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Escribir un email es una tarea sencilla. Se trata de redactar el asunto, trasladar lo que uno tiene en la mente al cuerpo del mensaje y pulsar enviar. Lo que ocurre es que esa lógica solo aplica si el receptor está sentado frente a su ordenador esperando a que llegue ese mensaje. Y si este es uno y único, y además implica una sola tarea que el destinatario tiene tiempo de sobra para llevar a cabo. Como se puede comprobar, esa no es la situación en la que recibimos los emails en el cien por cien de los casos.

Y eso es lo que hace que escribir un correo electrónico haya dejado de ser sencillo: ¿cómo redactar un asunto para que llame la atención en una bandeja de entrada donde compite con otros cientos? ¿Cómo hacer para que ese breve texto sea suficientemente aclaratorio? ¿Cómo reducirlo para que se pueda leer entero incluso en un móvil? Preguntas similares se podrían hacer respecto al cuerpo del mensaje: ¿Cómo hacerlo explicativo, pero no eterno? ¿Cómo conseguir que mueva a la acción inmediata al destinatario y no sea retornado al estado de no-leído? ¿Cómo lograr que no sea malinterpretado y genere esas molestas respuestas de aclaración? ¿Cómo despedirse de una manera cercana pero profesional? En definitiva, ¿cómo lograr que un email cumpla su objetivo?

Es fácil ver que problemas similares se dan en todas las órbitas y operaciones de una compañía. Negociar es, en esencia, una cuestión de encontrar el ángulo y encajar piezas que en apariencia no pegan. Para vender bien hay que evidenciar la conexión, a veces no evidente, que hay entre el producto y los problemas o deseos de un cliente. Comunicar es, sobre todo, iluminar un área oculta o ejercer fricción sobre una idea hasta que la audiencia se moviliza. El diseño de un producto se apoya en el ingenio, e innovar es buscar lo que de manera inesperada engrana con lo que ya existe y lo impulsa hacia delante.

La conclusión es clara: desde la redacción de un email hasta la más sofisticada innovación, la mayoría de los problemas que se experimentan en una empresa son problemas creativos. O, lo que es lo mismo, el tipo de problema fundamental que existe en las organizaciones es un problema creativo. Por tanto, si esta habilidad estuviera generalizada, tendríamos más posibilidades de resolver los problemas de nuestras compañías y de impulsar estas hacia delante.

El asunto es que las empresas no nacieron para crear, sino para rentabilizar lo creado. Y esto hace que no se acabe de percibir claramente ese valor. Y por otro lado, las compañías apenas invierten esfuerzos en hacer que sus equipos sean creativos, tanto colectiva como individualmente. Excepción hecha de algunos talleres de design thinking en los que se suele acometer más la metodología que la mentalidad, y donde todo va bien mientras haya muchos post-its de colores decorando las paredes.

El Foro Económico Mundial lleva años insistiendo en que la creatividad es una de las competencias profesionales imprescindibles en las organizaciones. Sin embargo, sigue siendo una asignatura pendiente. Sigue faltando una manera eficaz de generar pensamiento, discurso, ambiente creativo. Algo cada vez más difícil, puesto que cada vez es más abundante el universo de buenas prácticas, sugerencias, plantillas, propuestas prefabricadas y un sinfín de muletas más que lo único que consiguen es que las ideas se parezcan más entre sí, por un lado, y que por otro nuestra capacidad para crear cada vez esté más debilitada.

¿Para cuándo una apuesta en firme a favor de la construcción de equipos creativos? ¿No basta con darse cuenta de que el mayor valor de las marcas más adorables es precisamente su originalidad? ¿Por qué seguimos anclados resolviendo el corto y medio plazo? ¿O por qué estamos tan convencidos de que la inteligencia artificial resolverá lo que no resuelve el ingenio humano?

Mientras esa gran y definitiva apuesta llega, si llega, podemos intentar desarrollar individualmente nuestra creatividad por el sencillo procedimiento de repensar los emails que escribimos. Puede parecer poca cosa, pero cualquier camino comienza con un paso. Si logramos el punto adecuado, puede que incluso, además de ser eficientes, despertemos alguna sonrisa. Lo cual en los tiempos que corren está bien, pero que muy bien.

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Este artículo, publicado por Dirigentes, forma parte de una serie de ensayos periodísticos y columnas de opinión, escritos a lo largo de los años en diferentes medios, que recojo aquí como colección unificada.