Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 14.06.2016

Quizá te suene la historia. Un buen día, a comienzos de los años 50, un escritor redactó sobre un larguísimo pergamino una novela de un tirón, sin apenas descanso. Una obra que se convertiría en el epicentro de la que probablemente fue una de las innovaciones culturales más impactantes de todo el siglo veinte. Aquel frenético escritor se llamaba Jack Kerouac y su novela, On the road.

Pese a su tremendo impacto, si la lees, o ya la has leído, estarás de acuerdo en que no cuenta mucho más ni mucho menos que las andanzas de un grupo de jóvenes embelesados por lo que el propio Kerouac llamaba la vida en la carretera: viajar constantemente y no detenerse nunca demasiado tiempo en el mismo sitio. En auto-stop, en coches alquilados, en tren, como fuera.

Sin embargo, fueron pioneros de tantas cosas que siempre me ha resultado llamativo que hayan podido pasar tan desapercibidos.

 

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Dirigentes, Jesus Alcoba / 02.06.2015

En los últimos tiempos la palabra innovación se ha extendido de tal manera que ha pasado a significar tanto que ya apenas significa nada. Hoy todo es innovación: el desarrollo de negocio, el lanzamiento de nuevos productos, la mejora continua, la creatividad y hasta el diseño. A menudo se olvida que innovar es, solamente o nada menos, convertir una idea en producto, y ese producto en resultado. Y su gran reto es repetir ese ciclo de forma sostenible. De ello, con toda seguridad, sabe mucho Madonna.

Uno de los malentendidos frecuentes es tender a pensar que la innovación es simplemente la generación de una idea nueva. Sin embargo, esto en sí mismo no constituye una innovación, y ello por dos motivos. En primer lugar, porque una idea en si misma, por genial que sea, no aporta nada al mercado. Por eso una simple idea no se puede patentar ni registrar. Se patentan las marcas y los inventos y se registran las creaciones originales, pero no las ideas. En segundo lugar porque, aunque la idea ya haya tomado forma como invención o creación, en sí misma no es un producto, puesto que no está incorporada a una cadena de valor. No se debe olvidar que la clave de una innovación está, en último término, en su capacidad para generar un resultado, es decir, para crear valor económico.

El segundo malentendido importante es considerar que la innovación consiste en generar resultados a través de una disrupción en el mercado. Es decir, en la creación de un producto o modelo de negocio que tenga poco o nada que ver con lo que hasta el momento se conoce. Con independencia de que este enfoque olvida la innovación incremental (aquella que no es disruptiva sino progresiva), lo realmente importante es que para que la innovación produzca resultados a largo plazo, y por tanto genere valor constante, es que tiene que ser recurrente. Y este es el verdadero problema.

El mejor ejemplo para explicar esta idea es la música, donde a menudo vemos cómo nuevos artistas debutan en el mercado provocando una disrupción considerable que sin embargo se apaga con el paso del tiempo, bien porque no hay una segunda propuesta, o bien por que sí la hay (y una tercera y una cuarta), pero el artista o la banda se desactualizan respecto a las tendencias sociales y no logran captar nuevos seguidores.

Para que un artista logre generar valor de manera constante y creciente, como cualquier empresa, debe hacer que su público aumente. Y para eso debe innovar. Bien mirado, hay muy pocos artistas que lo hayan logrado de manera sostenible. La mayoría de ellos están vigentes solo durante un tiempo, bien lo están durante décadas pero no logran incrementar su número de fans. Madonna es una de esas pocas excepciones cuyo público se extiende en un arco amplio desde casi la adolescencia hasta prácticamente la tercera edad. Hay escasos artistas que hayan logrado semejante éxito: Madonna, Michael Jackson, los Rolling Stones, los Beatles, y muy pocos más.

Incursionar en el mundo de la moda o el cine, colaborar con artistas que se dirigen a un público más joven, crear concursos creativos para atraer la atención del público a sus conciertos, y desde luego una muy activa gestión de la comunicación han hecho que, con más de 300 millones de discos vendidos sea la solista de más éxito del globo. Y la clave está en la reinvención constante. No en vano una de sus giras se llamó precisamente Re-Invention World Tour. Pero lo más relevante es que su carrera acumula ya más de 30 años en el mercado, como prueba evidente de que su estrategia funciona. Si se considera que la vida media de una empresa hoy día es de 15 años, enseguida se comprenderá que la capacidad innovadora de Madonna está por encima de la de la mayoría de las empresas.

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Ciencia y Management, Dirigentes, Jesus Alcoba / 18.03.2015

Es llamativo que en estos tiempos en los que se habla tanto de innovación se hable tan poco de creatividad, y sobre todo de cuáles son los métodos que presumiblemente pueden favorecerla en las personas y en las empresas. Es llamativo porque, aunque a veces se nos olvida, no habría innovación si no hubiera creatividad. La creatividad es el primer paso en el ciclo de la innovación, en el que se genera la idea que luego se convertirá en valor, y por fin en resultado.

Uno de los motivos por los cuales quizá se hable poco de la creatividad es porque aún sigue siendo una habilidad ciertamente enigmática. Se sabe que ciertas condiciones la favorecen, como por ejemplo los entornos diversos, la ausencia de crítica y los ambientes lúdicos, pero en el fondo se desconoce cómo se produce esa chispa en el sistema de ideas de un ser humano que logra conectar dos o más conceptos muy lejanos entre sí, cuya combinación sin embargo soluciona un problema o resuelve una necesidad.

Cuanto más lejanos sean esos conceptos y cuanto mayor sea el problema o la necesidad, mayor es el salto creativo y mayor valor tiene. Posiblemente uno de los mayores ejemplos de esta capacidad humana se dio durante la misión Apolo XIII, séptima misión tripulada del Programa Apolo y la tercera que se lanzó con el propósito de pisar la luna cuando, aproximadamente a 300.000 kilómetros de la tierra, una explosión en un tanque de oxígeno comprometió de manera fatal la misión. Debido a los daños producidos, los astronautas tuvieron que abandonar el módulo de mando y pasar al módulo lunar, que contenía una reserva de aire muy limitada. El destino mostró su ironía más oscura cuando quedó claro que, a pesar de que se habían preparado para solucionar problemas altamente complejos, sus vidas iban a estar gravemente comprometidas solamente porque a nadie se le había ocurrido que un día se necesitaría comunicar los sistemas de ventilación de ambas naves entre sí, como fue el caso. Lentamente el aire se iba haciendo irrespirable, y el desafío consistía en conectar ambos sistemas utilizando únicamente el material que tenían a bordo. Alguien debía encontrar una solución a un problema aparentemente irresoluble, pues su diseño los hacía incompatibles. Afortunadamente uno de los miembros del control de misión en tierra encontró la solución a tiempo, regalándonos uno de los saltos creativos más geniales de la historia de la Humanidad. Buscando nuevas funciones para piezas que en origen habían sido diseñadas para otro cometido, al final fue posible conectar ambos sistemas de ventilación y los astronautas lograron salvar sus vidas.

El ejemplo es particularmente significativo no solo porque las piezas que se utilizaron no habían sido diseñadas para la función que al final ejercieron, sino porque en cualquier situación es ciertamente difícil concebir un sistema estanco y, sobre todo, porque la necesidad era abrumadoramente perentoria, dado que era la vida de los astronautas lo que estaba en juego.

Si pudiéramos comprender en profundidad cómo se generan estos saltos creativos, y si supiéramos diseñar programas de formación que garantizaran que todas las personas en una organización disponen de esta capacidad, la arena empresarial cambiaría significativamente, y por supuesto la sociedad también. Por eso, hoy que tanto se habla de innovación resulta sorprendente que exista comparativamente menos investigación sobre la creatividad y la forma de generarla que en el siglo pasado. Quizá ahora que los avances en neurociencia están evolucionando a pasos agigantados, y que tenemos una creciente capacidad para comprender el funcionamiento del cerebro que opera debajo de la mente, podamos ir adquiriendo un creciente conocimiento sobre esta enigmática capacidad del ser humano, que constituye la base de la innovación y de la creación de valor, y por tanto del progreso.

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Ciencia y Management, Dirigentes, Jesus Alcoba / 06.05.2014

Es francamente interesante ver a los grupos pedir café porque, sea cual sea su número de integrantes, no hay dos personas que lo pidan de la misma manera: cortados largos o cortos de una cosa o de la otra, con leche fría o caliente, con hielo, con sacarina, en taza grande, pequeña, en vaso, y así hasta el infinito. Este hecho nos deja dos claras conclusiones: la primera, que a nadie le gusta el café tal cual es. La segunda, mucho más interesante, que a pesar de que hoy nos parece un concepto revolucionario, hace muchos años que las cafeterías inventaron la co-creación. 

Sin entrar en las diferencias que existen entre este co-creación y personalización, lo cierto es que ambos son conceptos sin los cuales cual hoy no se entiende casi ninguna transacción comercial, porque en muy pocos sectores se aceptan ya los productos con un patrón fijo. Hace años que los coches pueden incorporar equipamiento opcional, mucho más tiempo que la ropa se arregla o combina antes de vestirla, y eso sin hablar de las infinitas posibilidades de personalización que tienen los dispositivos informáticos, hoy díaya tan adaptables que están casi más en el mundo de los complementos que en el de la tecnología. 

Ya no vivimos en un mundo estándar: cada producto o servicio es elaborado conjuntamente entre la empresa que lofabrica o distribuye y sus clientes, e incluso en la fabricación o distribución a gran escala se busca que haya un grado suficiente de personalización, en ese fenómeno hoy cada vez más extendido que llamamos masscustomization. 

Lo auténticamente relevante es que este hecho no es simplemente consecuencia de una moda o de una tendencia del mercado. La prueba más simple es que la infinita variedad en la forma de pedir un café llegó para quedarse hace ya muchas décadas. La co-creación y la personalización existen porque los productos o servicios que consumimos no son ya –y nunca más serán– simplemente artículos o actividades que necesitamos, sino partes de nuestra biografía y de nuestra identidad.  

Sabemos que los seres humanos organizamos nuestros conceptos en polaridades, y que a una de ellas otorgamos siempre algo más de valor que a la otra. Así, escogemos entre playa o montaña, carne o pescado, madrugar o trasnochar, o entre ser fan de un equipo de fútbol o de su némesis. Estas polaridades no son ni muchísimo menos triviales, sino que forman parte de la forma en la que organizamos y vemos el mundo, y por tanto son una parte íntima de nosotros mismos. Por motivos similares la co-creación y la personalización se han instalado de una forma tan rotunda en el mercado: porque cuando adquirimos algo queremos hacerlo nuestro, de manera que pase a formar parte del conjunto de conceptos y relaciones que para nosotros definen el mundo. Cuando una persona pide un café con lechelargo de café, en vaso y con sacarina, está evidentemente expresando un gusto personal. Pero por encima de ello está creando(de hecho, co-creando) un producto personalizado que realmente le satisface y, aún más, que le define. Hoy día ya no hay cliente que no persiga que todo aquello que adquiere o utiliza esté adaptado a sus intereses, a su forma de ser y, en definitiva, a su vida y a su biografía.  

Desde que existe el marketing de experiencias estamos acostumbrados a reflexionar más profundamente sobre lo que significa adquirir productos o servicios en la vida de las personas. Sin embargo,hace mucho tiempo que para los clienteseste tipo de transacciones constituyen experiencias, a veces auténticamente relevantes, que pasan a formar parte de su vida y de la matriz de conceptos y relaciones que explican su identidad.Lo nuevo es que el mercado al fin se ha dado cuenta. 

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

El Economista, Jesus Alcoba / 18.02.2014

La inspiración es lo que hace que los artistas en particular, y el ser humano en general, produzcan de manera natural, sin aparente esfuerzo. Aún no sabemos demasiado sobre la inspiración, quizá porque tampoco nos hemos dedicado a estudiar este fenómeno a fondo. Hemos estudiado mucho (aunque nunca suficiente) el proceso de la innovación, algo menos (sin duda poco) la creatividad, y prácticamente nada el intrigante mecanismo que hace saltar la chispa de la inspiración.

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Ciencia y Management, Dirigentes, Jesus Alcoba / 01.06.2012

Hace mucho tiempo las personas compraban objetos que encajaban con mayor o menor fortuna en las vidas cotidianas de sus poseedores en función de lo útiles que resultaban. Pero en algún momento de la historia los objetos dejaron de ser simples cosas y dejaron de ser valoradas por su utilidad. Hoy casi nadie compra ya simples objetos.

Una de las mayores fuerzas de la naturaleza es la búsqueda de sentido. Los seres humanos necesitan dotar de significado a todo aquello que viven y a todo aquello que incorporan a sus vidas, y nada va bien si no lo tiene. Por eso nos cuesta encajar las malas noticias, y por eso cuando algo malo nos ocurre pasamos días intentando colocarlo en nuestra mente. Lo repensamos una y otra vez hasta que encontramos las palabras con las que poder explicarlo, a nosotros mismos y a los demás. Quien atraviesa una situación difícil y habla constantemente de ello a sus convecinos no es a ellos a quienes se lo está contando, sino a sí mismo.

Los objetos que adquirimos no son una excepción. Los seres humanos tejemos un argumento vital del que somos protagonistas y en el que todos los componentes tienen que encajar. Como en el cine, todo tiene su porqué. Y por eso, de la misma manera que la ropa y los complementos contribuyen a crear al personaje, los objetos y experiencias que incorporamos a nuestras vidas son un complemento a nuestra identidad. Nos definimos por la ropa que usamos, por el coche que conducimos, por el lugar que escogemos para nuestras vacaciones y hasta por nuestro refresco favorito. Y, de la misma manera, nos definimos también por aquellas cosas que no queremos tener ni usar, y por los lugares a los que no queremos ir.

Es muy posible que todos esos pequeños significados contribuyan a formar lo que para cada persona es el sentido de la vida. Así, los amantes de la naturaleza preferirán utilizar vehículos poco contaminantes o aptos para su uso en el campo, ropa cómoda de colores que recuerden los del campo y la montaña, y tenderán a comprar objetos relacionados con los espacios abiertos, tales como brújulas o mochilas. Y al contrario, rechazarán los coches de alto consumo, la ropa incómoda u objetos que denoten superficialidad. Es muy probable que para estas personas todo esto esté relacionado con valores más elevados, como la ecología o el desarrollo sostenible.

Lemley escribió que los clientes se posicionan en torno a los productos que adoran como en el comienzo de los tiempos las tribus adoraban a sus ídolos. La elección de un terminal móvil no solo tiene que ver con la utilidad en sí del aparato o con su precio, sino también con asuntos como el enfrentamiento aparentemente irreconciliable entre los sistemas propietarios y los de código abierto. De la misma forma, hay supermercados que tienen una larga colección de fanáticos, mientras que hay quien lleva a gala que jamás ha puesto un pie en uno de ellos. Y al preguntar a unos y otros las primeras explicaciones giran en torno al precio o a la variedad de productos, pero más allá de eso aparecen conceptos como justicia, seguridad o nacionalidad. Así, para algunos consumidores ciertos comercios pueden ser acusados de enriquecimiento poco ético, mientras que otros afirmarán que en tal o cual sitio la higiene es deficiente. Y otros cantarán las virtudes de entregar su dinero a empresas nacionales antes que a cadenas extranjeras. Y todo eso tiene que ver con el significado que cada uno atribuye a las cosas, con la película en la que cada uno vive, con el argumento vital del que cada uno es protagonista. Y por eso existe una relación entre los supermercados y el sentido de la vida.

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com