La hechicera de Blancanieves preguntaba una y otra vez a su espejo mágico quién era la más bella de todas. Esto lo sabemos porque los hermanos Grimm y Disney nos lo han contado. Lo que ninguno de los dos nos explicó es por qué le preguntaba tantas veces. Seguramente era debido a que no estaba convencida de la respuesta, porque en el fondo sabía que no era la más bella. De hecho no habría podido serlo, solo de tan mala que era. Sin embargo jugaba con su fantasía uno y otro día, pretendiendo la belleza absoluta a cambio de nada.
Sería muy bueno que a nosotros, cada mañana, el espejo de nuestra propia conciencia nos devolviera la inequívoca certeza de que hemos llegado a ser quienes queríamos ser. Pero claro, ese otro espejo que es el nuestro, el de la vida y el de nuestra biografía, no teme a que ninguna hechicera loca lo haga...