Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Huffington Post, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 26.07.2017

Tras años de cultura de la innovación sigue sorprendiendo por qué tan a menudo este término continúa sobresaliendo por encima de aquel que le infunde valor, que es la creatividad. Una de las maneras más sencillas de contemplar el ciclo de la innovación es el que contempla solo tres pasos: la generación de una idea, que a continuación es convertida en valor para el cliente, que a su vez es finalmente transformado en un resultado económico positivo. La literatura empresarial ha generado gran cantidad de material sobre los dos últimos pasos, pero no tanto sobre el primero.

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Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 19.07.2017

Hemos vivido siglos impresionados por genios creativos que, en el arte, en la ciencia y en la tecnología, han realizado propuestas nuevas y originales haciendo evolucionar la cultura y la sociedad. Y hemos estudiado durante décadas a esos personajes, intentando desentrañar el origen de su genio, para conocerlo mejor y también para poder aprender de ellos. Sin embargo, la fascinación del ser humano por el talento innato ha empañado siempre una verdad tan obvia como inconveniente, y es que la creatividad no es un talento ni una habilidad, y desde luego no es un rasgo de la personalidad: es simplemente una competencia que se desarrolla con la práctica. 

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Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 12.07.2017

En “La historia interminable” al pequeño Bastian Baltasar Bux le cuesta comprender que él es parte del relato que está leyendo. Le cuesta tanto como le conmociona comprobar que una aventura que aparenta no ser más que un montón de frases escritas sobre un papel, finalmente resulta ser su propia aventura: le emociona constatar que la historia que lee es su propia historia. Y esa emoción, aunque en un relato de ficción, es un ejemplo perfecto para explicar la importancia primordial de la narrativa de marca.

Los seres humanos tenemos una acusada capacidad para comprender y producir relatos. Las historias que escuchamos, y las que contamos a otros y a nosotros mismos, constituyen una parte nuclear de nuestra identidad y de la manera en que percibimos el mundo. Cuando nos presentamos a alguien, cuando explicamos lo que nos pasa o cuando imaginamos el futuro, estamos sin darnos cuenta tejiendo historias, relatos dentro de relatos que explican nuestra vida. No se trata de simples actos comunicativos: se trata de que lo que somos y el mundo en el que vivimos está explicado como si fuera una gran historia de la que somos protagonistas.

Al igual que al pequeño Bastian le pasaba con el libro que leía, todos nosotros entramos en contacto con otras historias que nos llegan. Muchas provienen de diferentes personas, otras muchas de creaciones literarias en particular, o artísticas en general, e infinidad de ellas nos las cuentan las marcas. De esta manera, cada propuesta de valor que nos llega nos relata una historia: la de su fundador, la de las personas que le dan vida, o la del futuro que quiere ayudar a construir.

Es bien sabido que los clientes ya no compran productos ni servicios, sino elementos que puedan agregar a su identidad, es decir, fragmentos de biografía. De alguna forma nos sentimos completados por los productos o servicios que utilizamos, porque se convierten en parte de lo que somos. Y por eso hablamos de ellos y compartimos en las redes sociales lo que con ellos nos acontece.

La misma emoción que sintió Bastian cuando constató que la historia que leía es la suya propia es la que se produce en aquellos clientes que, al entrar en contacto con una determinada narrativa de marca, comprueban que encaja a la perfección con lo que ellos piensan y sienten acerca del mundo y de la vida. Esa sincronización de relatos es lo que hace que algunos clientes se vinculen a determinadas marcas de una forma que en ocasiones parece irracional. De hecho es irracional, porque es fundamentalmente emocional.

En 1997 Apple rodó el ya mítico anuncio “Think Different”, en el que aparecían los llamados locos, inadaptados, rebeldes, es decir, personas como Einstein, Bob Dylan o Martin Luther King, a quien la marca de la manzana presentaba como genios. La gente que está tan loca como para pensar que puede cambiar el mundo, decía el anuncio, es la gente que realmente lo logra. Por aquél tiempo Steve Jobs no estaba interesado en anunciar las características técnicas de sus equipos, sino en dirigirse a las personas que pensaban que la pasión por cambiar el mundo era suficiente para lograrlo. Tan aparentemente simple como eficaz, el relato que sirvió de base a aquel memorable anuncio se sincronizó con las narrativas de muchas personas que pensaban lo mismo.

De manera sorprendente, hay quien sigue mirando con escepticismo la forma en que algunos clientes de Apple veneran a su marca. Quizá comprenderían mejor este fenómeno si cayeran en la cuenta de que, en muchos casos, probablemente la inmensa mayoría, estos clientes no compran sus productos por su valor funcional, sino porque su narrativa de marca se sincroniza con su relato personal.

Bastian Baltasar Bux entró finalmente en su historia y eso cambió para siempre su vida, de la misma manera que cientos de miles de personas entraron en el universo Apple, y eso cambió para siempre el curso de la historia, al alterar irreversiblemente la manera en que hoy asistimos al fenómeno de la tecnología.

 

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 05.07.2017

En los años 80 un polifacético profesional recogió en una lista nada menos que 50 frases que había oído aquí y allá, cuyo denominador común es que tienen el efecto de aniquilar la creatividad. Quizá su mayor atractivo radica en que no son sentencias nuevas ni originales, sino que más bien son frases que cualquier profesional ha oído en reuniones de todo tipo, particularmente en aquellas en las que se intenta promover la génesis de nuevas ideas. De manera nada sorprendente, uno de los mayores frenos a la creatividad somos nosotros mismos.

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Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 28.06.2017

Una pregunta que a menudo gravita en las sesiones de ideación es por qué no somos más creativos. Es como si la necesidad de seguir la estrategia de la organización chocara con la necesidad que tiene de generar ideas. Evidentemente una de las respuestas a esta pregunta es que a muy pocos profesionales en su etapa de formación inicial, e incluso en las que vinieron después, les han entrenado para ser creativos. Sin embargo, hay otra explicación que tiene que ver no tanto con el mundo de las organizaciones, sino más bien con la manera en que los seres humanos estamos hechos.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, Huffington Post, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 21.06.2017

En el condado medieval del éxito vivían y trabajaban Motivada y Esforzada, dos mujeres que, si bien de jóvenes habían sido amigas, habían acabado por enemistarse. Y no exactamente porque hubiera pasado nada entre ellas, sino porque sus rumbos vitales se habían ido primero separando, luego distanciando, y finalmente oponiendo. Pese a ello, sus negocios estaban uno junto a otro, y ese era precisamente el hecho que disparaba la mayoría de sus disputas.

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Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 14.06.2017

Décadas hablando de creatividad, y últimamente de innovación, y sigue sorprendiendo la frecuencia con la que este término se mezcla, confunde o contamina con otros que, aún formando parte de su constelación de significados, son diferentes. Ni la creatividad se circunscribe únicamente al mundo del arte, ni tiene necesariamente que ver con la expresión emocional o con la necesidad de manifestar el mundo interior de las personas. La creatividad, por otro lado, tampoco es un universo oculto ni misterioso.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, Huffington Post, Inspiración, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 31.05.2017

Parece ser que las ovejas negras eran menos apreciadas que las blancas debido a que su lana era peor valorada en el mercado. Y quizá ahí comenzara esa tendencia desgraciadamente tan humana a despreciar al que es diferente. Una inclinación quizá más frecuente hoy en día, cuando la propensión a confiar en la sabiduría colectiva, en forma de opiniones mayoritarias en las redes sociales, parece ser la base de cualquier decisión individual.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 11.02.2012

Es curioso cómo en el mundo hay cosas que aparentemente no tienen nada que ver y que sin embargo están conectadas. En cierta ocasión se hizo un estudio para determinar si las personas que padecen trastorno obsesivo se parecen en algo a quienes están enamorados. El resultado, quizá nada sorprendente si se piensa bien, fue que en ambos casos los niveles de serotonina eran significativamente bajos en ambos grupos de personas, en comparación con individuos normales.

No hace falta ser un experto para darse cuenta de que las biografías de los grandes hombres y mujeres que hemos conocido a lo largo de la Historia, sobre todo artistas y científicos, están basadas en un profundo enamoramiento de sus respectivas disciplinas. Un enamoramiento posiblemente obsesivo, pero lo cierto es que sin perseverancia es muy difícil construir algo grande, como por ejemplo una carrera profesional de éxito. Si no amamos lo que hacemos es muy difícil crecer.

Por supuesto que hay otros factores que influyen y siempre hay quien piensa que es cuestión de suerte, mientras que otros lo atribuyen al talento: esa sustancia polimórfica tan citada como desconocida que últimamente parece ser el santo grial de todo lo que es bueno y verdadero en la empresa. Sin embargo, la investigación moderna está mostrando cada vez con más datos que es francamente complicado triunfar sin constancia. En uno de los estudios más originales que se han hecho sobre el tema se comparó a grupos de músicos de diverso éxito, para concluir que es el esfuerzo deliberado por mejorar en una disciplina determinada, y no el talento genéticamente determinado, el que produce que una persona alcance un nivel superior en el dominio de una disciplina. Es de ese trabajo del que deriva el conocido dato de que hacen falta diez mil horas de estudio para convertirse en un experto.

No hay factor de motivación más poderoso que la propia tendencia a investigar, a crear y a mover cielo y tierra buscando materializar una idea. El emprendimiento, el intra-emprendimiento y todos sus primos conceptuales, últimamente tan de moda, se apoyan (no en su gestión pero sí en su origen) en una sola cosa: la pasión. Una pócima que, como si fuera un fertilizante milagroso aplicado sobre una planta, cuando se vierte sobre una idea modifica su ADN y la hace crecer y multiplicarse hasta crear algo inmenso.

Hay que pensar que la única forma de que nuestros equipos trabajen con pasión en impulsar la empresa hacia adelante es conseguir que parte de sus objetivos sean también los de la empresa, o al revés. Porque si las personas no ven que hay algo para ellos dentro de lo que se persigue en la organización es muy difícil que de sus pulmones salga aire suficiente para hinchar las velas. Se puede hacer un mes sí y quizá dos también, y quizá en el mejor de los casos un año completo. Pero siempre será a base de fuerza de voluntad, de procesos y procedimientos, y de motivaciones artificiales y extrañas. Sin embargo, cuando el proyecto de un profesional está dentro del proyecto de la empresa, cuando ambas cosas encajan como un guante y una mano, entonces la pasión obra el prodigio y el conejo sale de la chistera: la empresa avanza, la persona crece y todos ganan.

 

Originalmente publicado en www.dirigentesdigital.com

Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 10.01.2012

Siempre nos ha resultado sugerente aquello de que bajo la mente humana hay un sistema de galerías muy profundas que llamamos inconsciente donde habitan traumas, episodios olvidados, fantasmas de nuestra infancia y demás. Si bien aquellas descripciones de comienzos del siglo pasado tenían más de literario que de científico (aunque no por ello poco valor explicativo) lo cierto es que la ciencia está revisitando estas ideas de una forma que puede resultarnos mucho más provechosa.

Es fácil darse cuenta de que el cerebro hace cosas sin que nos demos apenas cuenta. Un buen ejemplo es la conducta de conducir. Mientras aprendemos, todos los movimientos y pensamientos que hacemos son muy conscientes: estamos concentrados en cambiar de marcha, en el intermitente, en interpretar las señales de tráfico y en general en cualquier cosa que pueda afectar a nuestra seguridad. Pero tras años de conducir todas esas acciones se automatizan y podemos guiar nuestro automóvil sin excesiva concentración. Y no por ello conducimos peor sino que, al contrario, la experiencia nos hace ser mejores conductores.

Todos los hábitos son inconscientes: a fuerza de repetir algo muchas veces acaba por automatizarse y, por ejemplo, ya no tenemos que hacer grandes esfuerzos de atención o voluntad para cepillarnos los dientes, para vestirnos o para meter en el maletín el ordenador y el teléfono móvil cada mañana. Todas esas tareas están controladas por un área de nuestra mente que también hace otras cosas, como por ejemplo darle vueltas a los problemas hasta que se nos ocurre la solución, mapear constantemente la realidad y detectar elementos que se salgan del patrón esperado, o registrar nuestras acciones de forma que podamos recordarlas después.

La potencia de los hábitos es que guían la conducta de modo más o menos desatendido. Son como un piloto automático que puede ocuparse de ciertas tareas y así intensificar nuestra vida personal o incrementar nuestra productividad profesional. Esto es válido para una larga lista de cosas, desde tomar vitaminas a diario hasta acostumbrarnos a planificar el día por la mañana y priorizar las cosas debidamente, en lugar de dejarnos llevar por el torrente de llamadas y correos electrónicos que recibimos constantemente.

El único problema de los hábitos es que hay que crearlos. Por algún motivo que hasta ahora desconocemos para instaurar un hábito no basta solo con programarlo, y en eso los seres humanos nos diferenciamos mucho de las máquinas. Porque, a diferencia de ellas, necesitamos un entrenamiento, a veces largo y penoso, hasta que logramos insertar una nueva conducta en nuestro repertorio. Y por eso a veces los nuevos propósitos no funcionan, porque a menudo lo que hacemos cuando queremos crear un nuevo hábito es describirlo en lugar de construirlo. La frase “a partir de mañana voy a organizarme mejor” es la descripción de un deseo o de una necesidad, pero no la planificación de una conducta. Primero porque no dice nada acerca de cómo se va a llevar a cabo y segundo porque, seguramente, quien la pronuncia no es consciente del esfuerzo o la energía que requerirá.

La buena noticia es que desconocemos cuántas de nuestras tareas podemos convertir en hábitos. De momento ese límite no se ha encontrado, lo cual es un estupendo motivo para plantearse seriamente ponerse a ello. ¿No le parece?

 

Originalmente publicado en www.dirigentesdigital.com