Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 12.09.2016

I´m a believer es una de esas canciones verdaderamente esenciales en nuestras vidas. Fue grabada y popularizada en 1966 por The Monkees y es uno de los pocos singles que ha vendido más de diez millones de copias físicas en toda la historia de la música. Su riff característico era interpretado por Michael Nesmith, y de la historia de su familia se pueden extraer dos importantes enseñanzas sobre la autoestima.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 26.07.2016

Uno de los discursos más memorables de todos los tiempos fue pronunciado en 1962 por Kennedy en Houston. Ante una ingente multitud explicó las razones por las que aproximadamente un año antes había hablado en el Congreso con el fin de fijar un ambicioso objetivo: poner un hombre en la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo a la Tierra antes de que finalizara la década.

En aquel discurso, Kennedy pronunció unas palabras históricas que hoy constituyen un lema para todas aquellas personas que encuentran en las dificultades un aliciente. Dijo que habían escogido ir a la Luna no porque fuera fácil, sino precisamente porque era difícil.

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Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 09.06.2016

Es muy evidente que en una situación de peligro inminente hay poco tiempo para pensar. Someter al raciocinio y a la lógica un momento de vida o muerte puede suponer que, en mucho menos tiempo del que dura la deliberación, se precipite un desenlace de consecuencias fatales. Por eso muchas reacciones ante los peligros se dan sin apenas participación de la corteza cerebral, que es lo que nos hace específicamente humanos. Y ahí radica uno de los problemas que plantea el miedo. 

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Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 12.05.2016

Quizá no te suene, pero tal vez nunca en la historia de la humanidad ha habido una modelo más hermosa que una joven del Renacimiento llamada Simonetta Vespucci. Era considerada la reina de la belleza y, además de en otras obras, fue inmortalizada por Botticelli en El Nacimiento de Venus, dejando más que patente su hermosura.

Como toda mujer atractiva, Simonetta levantaba pasiones por donde pasaba, entre ellas las de Americo Vespucci, quien seguramente bebía los vientos por ella. Sin embargo, la bella Simonetta estaba enamorada de Marco Vespucci, primo de Americo, con quien finalmente contraería matrimonio.

 

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Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 24.11.2015

Las personas trabajamos en las organizaciones por muchos motivos, pero atendiendo al ya clásico modelo de la jerarquía de necesidades que dibujara Maslow hace ya más de cincuenta años, es muy probable que uno de ellos sea la auto-realización. Sin embargo, es muy probable que para realizarnos necesitemos retos cada vez mayores. Y de ahí nace una paradoja que los buenos jefes resuelven de manera formidable.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, El Economista, Psicología del éxito / 23.07.2015

Las excusas son uno de los inventos del ser humano que resultan más dañinos para la productividad. Una excusa es básicamente una pirueta creativa que nos aleja de lo que es nuestro deber, disminuyendo así nuestro rendimiento y alejándonos de nuestros objetivos. Están directamente emparentadas con otra importante debilidad, que es dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy. Excusas y procrastinación son dos aliados perversos que deberíamos erradicar de nuestro mundo profesional.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 19.05.2015

Todos quisiéramos tener más fuerza de voluntad, pues está claro que muchos de los aspectos de nuestra vida cotidiana se nos escapan por falta de ella. Trabajar en proyectos poco motivantes, realizar tareas monótonas, leer más, aprender idiomas, hacer ejercicio y otras actividades similares son a menudo pospuestos en esa maniobra tan humana y cotidiana, pero tan dañina para la productividad, que es la procrastinación.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 05.05.2015

En un experimento hoy ya clásico, en una sala se dispusieron recipientes con galletas de chocolate y otros con rábanos. Un grupo de estudiantes fue invitado a comerse las galletas, mientras que a otros les pidieron que comieran únicamente rábanos, resistiendo por tanto la tentación de las galletas. Lo sorprendente vino cuando ambos grupos de estudiantes tuvieron que solucionar una serie de puzles que, aunque ellos no lo sabían, eran irresolubles.

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Ciencia y Management, Jesus Alcoba / 28.04.2015

Todos tenemos sueños y aspiraciones. En el terreno profesional nos gustaría quizás ascender dentro de la organización para la que trabajamos, tener más responsabilidad y poder de decisión, ganar más dinero o acaso fundar nuestra propia empresa. En el ámbito personal querríamos tal vez formar una familia, cambiar de casa o simplemente perder peso o dejar de fumar.

Sean cuales sean nuestros deseos, grandes o pequeños, lo cierto es que algunas personas logran lo que se proponen mientras que otras no. Y este fenómeno no parece depender del tamaño del reto, porque mientras que hay personas que no consiguen pequeños desafíos, otras, sin embargo,alcanzan logros de considerable envergadura. Da la impresión de que el éxito tampoco depende de otras variables como pueden serlos recursos de que se dispone, la genética o la suerte. Hoy sabemos, por ejemplo, que la inteligencia no garantiza el éxito, y todos conocemos historias de personas que, por motivos diferentes como puede ser un premio o la fama, han recibido grandes sumas de dinero que han acabado perdiendo con el paso de los años. En otros casos, hemos observado personas pertenecientes a familias acomodadas que, sin embargo, han vivido vidas desgraciadas o, simplemente, poco exitosas. En definitiva, el éxito es un fenómeno que, al menos en apariencia, no parece seguir las leyes de la lógica, o al menos de la lógica con la que acostumbramos a entender la vida.

Estos hechos han llevado a una serie de investigadores, entre los cuales me incluyo, a intentar averiguar bajo qué circunstancias una persona puede conseguir aquello que se propone. Es decir, si los recursos, la genética o la suerte no garantizan el éxito, de qué depende entonces. Llamamos psicología del éxito al conjunto de investigaciones que intentan aportar luz sobre esta intrigante cuestión.

Uno de los primeros volúmenes sobre este tema, hoy ya un clásico, fue Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, de Stephen Covey, un best seller mundial que intentaba explicar al público cuáles eran las habilidades que tenían las personas cuyo rendimiento estaba por encima de la media. Aunque quizás era una obra más orientada a la productividad personal que al éxito, su amplísima difusión da una idea de hasta qué punto este tema es de enorme interés para la mayoría de las personas.

Sin embargo, probablemente fue MalcomGladwell, con Fuera de Serie (Outliers), quien situó esta cuestión como una de las preocupaciones y objetos de investigación a nivel mundial. En su libro, Gladwell intenta explicar algunas de las claves que explican que haya personas que destacan frente a otras en diversos campos, como pueden ser el deporte, la música o los negocios. Otro de los libros conocidos sobre este tema es The 8 Traits Successful People Have in Common, de Richard. St. John, una entretenida obra que parte de una investigación cualitativa para intentar determinar cuáles son las ocho habilidades que la gente de éxito tiene. Change Anything, de Kerry Patterson y su equipo de coautores, o The Art of Doing, de Sweeney y Gosfield, son obras complementarias dentro de esta orientación. Existen incluso enfoques centrados en los niños, que intentan averiguar cuáles son las habilidades esenciales que deberían aprender para desenvolverse en la vida. En esa dirección, además de la ya clásica perspectiva de las Habilidades para la Vida (LifeSkills) de la Organización Mundial de la Salud, está el trabajo de Ellen Galinsky, recogido en su libro Mind in the Making. Mis propios trabajos, Conquista tu sueño y La Brújula de Shackleton, son también aportaciones a la ciencia del éxito. El primero de ellos intenta explicar por qué a las personas les resulta tan difícil cambiar para conseguir lo que quieren, y cómo hacerlo, y en el segundo me baso en la increíble expedición Endurance, que protagonizó el legendario explorador polar Ernest Shackleton en la Antártida, para explicar cuáles son las habilidades que poseen las personas que consiguen lo que se proponen.

Hoy sabemos lo suficiente sobre el ser humano como para afirmar que las habilidades que una persona tiene pueden variar significativamente a lo largo de la vida. Entre otros motivos porque, contrariamente a lo que se pensaba, el cerebro muestra una extraordinaria plasticidad, como demostraron los célebres estudios con taxistas en la ciudad de Londres y los que se han hecho con músicos profesionales.

Sabemos, también, que las personas tenemos dos tipos de mentalidad: la llamada mentalidad fija, que es la que mantienen las personas que piensan que nuestras características y habilidades son estables, y la mentalidad de crecimiento, en la que se considera que la capacidad de cada uno no es estática. La diferencia crucial es que en la primera de ellas las personas tienden a conformarse con aquello que saben hacer, mientras que en el otro lado, el de la mentalidad de crecimiento, las personas interpretan la dificultad como un síntoma de aprendizaje y,por ello,no solo no rechazan aquellas actividades que les cuestan esfuerzo, sino que salen activa y recurrentemente de su zona de confort, consiguiendo así desarrollarse.

Dicen que Mary Ann Evans, en la pluma de George Eliot, afirmaba que nunca es demasiado tarde para ser lo que cada uno podría haber sido. Jamás la ciencia hasta ahora había tenido una evidencia mayor de hasta qué punto esas palabras son rotundamente ciertas. A cualquier edad, en cualquier momento, y prácticamente en cualquier circunstancia, es posible una modificación sustancial de nuestras habilidades, entre las que cobran particular importancia las que nos conducen al logro de nuestras aspiraciones. La cuestión esencial es cuáles son esas habilidades y cómo se entrenan. Y precisamente por eso a usted, muy probablemente, le interesa la psicología del éxito.

En sucesivas entregas de esta misma revista analizaremos cuáles son las claves de esta nueva y prometedora disciplina, desvelando estudios científicos y sugiriendo pautas para que usted pueda reflexionar y así progresar en el desarrollo de las distintas habilidades para el éxito. El resto, es cosa suya.

Artículo originalmente publicado en www.gestion.com.do

Ciencia y Management, Dirigentes, Jesus Alcoba / 06.02.2015

En la remota isla de South Georgia, bien custodiada por leones marinos, se encuentra el monolito que señala el lugar donde descansa el legendario explorador Ernest Shackleton. En él está inscrito el célebre verso de Browning: «Sostengo que un hombre debe luchar hasta el límite por aquello que se ha propuesto en la vida». No sabemos a ciencia cierta porqué las frases célebres nos impactan tanto, aunque es muy posible que sea porque encierran una profundidad que la lectura superficial no revela pero que intuimos, y ese misterio nos atrae.

En el caso de la frase de Browning hay al menos dos ideas importantes que, si bien son centrales en la vida, no son fáciles de llevar a la práctica. La primera de ellas es que el éxito tiene que ver con algo que una persona se ha propuesto. Lo cierto es que si nos levantáramos cada mañana y nos preguntáramos qué es lo que nos hemos propuesto en la vida, muchas veces no sabríamos qué contestar. Progresar profesionalmente, tener un buen salario, formar una familia, cuidar de ella, y así sucesivamente, no son sino patrones predefinidos, argumentos preexistentes que en general seguimos más o menos todos. Pero una cuestión muy diferente es qué es lo que cada individuo, como persona única e individual, persigue como aspiración genuina, como misión en esta vida. La ciencia nos dice que una de las claves de la felicidad es que en nuestra vida haya esperanza, sentido y un propósito. Si no sabemos a dónde vamos es muy difícil que sepamos interpretar si lo que nos pasa es malo o bueno, y mucho más saber cuándo hemos llegado.

La segunda idea es que para lograr lo que uno se propone es preciso luchar hasta el límite. En esta llamada sociedad del bienestar hemos acabado identificando como bueno todo lo que es sencillo, lo que no cuesta trabajo y lo que es confortable. Hemos desterrado a la cultura del esfuerzo a la última de nuestras preocupaciones, porque todo lo que es imprescindible, y muchas veces lo que no lo es, está al alcance de la mano. Sin embargo esto crea una perspectiva errónea, porque como bien saben la mayoría de las personas, todo lo que en realidad tiene valor cuesta un gran esfuerzo, a veces un esfuerzo titánico. Nunca nada grande se hizo de la noche a la mañana, ni por un golpe de suerte. Sobre todo aquellos logros que tienen que ver con nosotros mismos, con lo que realmente buscamos en esta vida, sea personal o profesionalmente.

Evidentemente esto no es ni mucho menos fácil. Hay que empezar por intentar visualizar el futuro y pensar en qué punto quiere cada uno encontrarse dentro de dos años, o cinco o diez. Y luego, quizá más difícil aún, darse cuenta de que nada ocurre súbitamente, y de que por tanto a diario debe haber acciones que conduzcan a donde se quiere llegar. Si ninguna de las acciones que una persona hace en un día le conduce a objetivo que pretende, y eso se repite durante varios días, es fácil saber sin demostración alguna que nunca llegará a conseguirlo. Los futuros se construyen en los presentes: es la única manera.

Es bastante probable que pueda conseguir lo que una persona se propone si tiene claro de qué se trata y lucha por ello hasta el límite. Shackleton es una de las pocas personas que logró convertir un fracaso rotundo (el naufragio de un barco en la Antártida, con la consiguiente e irremediable imposibilidad de acometer la expedición que tenía planteada), en un éxito absoluto (regresar con todos sus hombres sanos y salvos dos años después de haber partido). Pero para eso fue necesaria una meridiana claridad en sus objetivos y un espíritu de sacrificio fuera de lo común que puso al servicio de la misión, todos y cada uno de los días que duró. Al admirar la increíble gesta del que posiblemente es uno de los más grandes líderes de todos los tiempos, resulta imprescindible preguntarse cómo lo consiguió. La respuesta, al menos una de ellas, está escrita en la piedra del monolito bajo el cual descansa: «sostengo que un hombre debe luchar hasta el límite por aquello que se ha propuesto en la vida.»

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com