Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Inspiración, Jesus Alcoba, Originalidad, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 24.10.2018

Hace muchos, muchos años, era habitual encontrar cabinas telefónicas por la calle. Como no había smartphones, esa era la única manera de contactar con alguien estando fuera de casa. Formaban parte de la escena urbana de casi cualquier país y, en algunos sitios, sus diseños eran tan llamativos que llegaron a convertirse en símbolos patrios. Sin embargo, si bien hace tiempo hablar por teléfono desde una cabina era un gesto normal, hoy día en nuestro país casi nueve de cada diez personas jamás ha utilizado una, y están a punto de extinguirse.

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Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 07.09.2016

Por algún motivo en el fondo desconocido da la impresión de que el ser humano está más preparado, o más motivado, para hablar que para escuchar. Algo sorprendente, puesto que es una tendencia que ciertamente dificulta nuestras posibilidades de aprender. Es posible que se deba a que mucho de lo que decimos en el fondo nos lo decimos a nosotros mismos, y a que incluso a nosotros mismos nos cuesta aclararnos. Sea como sea, aquellos que escuchan se han convertido en una preciosa rareza dotada de un poderoso atractivo.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 04.03.2015

Uno de los objetivos que han perseguido las técnicas espirituales desde el comienzo de los tiempos es el control voluntario de la conciencia, es decir, desarrollar la capacidad para proyectar en el lienzo de nuestro campo consciente aquello que es positivo para nosotros. Ese es el pilar básico de la meditación, y por eso, en esencia, se trata de un ejercicio de retorno al objetivo de la concentración – habitualmente la respiración – cada vez que surge una distracción.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 26.02.2015

Es posible que los seres humanos seamos criaturas preparadas para vaticinar lo que ocurre, y que por tanto la predicción del futuro sea el único y verdadero motivo por el cual los seres humanos tenemos cerebro. Es también probable que, como la predicción del futuro está unida a nuestra supervivencia, estemos especialmente preparados para anticipar situaciones de peligro. Quizá por eso nuestra mente está en ocasiones tan llena de cosas terribles que la mayoría de las veces nunca llegan a pasar.

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Dirigentes, Jesus Alcoba / 09.12.2014

Un impactante estudio revela que muchas personas no disfrutan pasando un rato de diez minutos a solas con sus pensamientos. Más interesante aún, algunos de los participantes en el estudio preferían la administración de descargas eléctricas a quedarse solos simplemente pensando. Es tan apabullante el flujo de interacciones al que estamos acostumbrados que cuando la corriente se interrumpe sufrimos. Podríamos llamarlo síndrome de abstinencia conectiva.

La ansiedad por la conexión es ya omnipresente. Cuando interactuamos en internet queremos que la respuesta sea inmediata a nuestra petición: obtener información de un producto, calcular un presupuesto, comprar un artículo o descargar una aplicación deben ser tareas con un resultado instantáneo que por supuesto deben poder realizarse a cualquier hora del día o de la noche, ya sea en día laboral o en festivo.

A veces esta ansiedad nos lleva a situaciones absurdas, como por ejemplo escribir un email y luego comentárselo al destinatario cuando nos lo encontramos o, quizá peor, escribir el email y tras un tiempo que juzgamos excesivo llamar por teléfono para ver si ha llegado y obtener una respuesta. El hecho de tener tantos canales accesibles nos llega a utilizarlos como vías redundantes para lograr conectar cuanto antes.

Es posible que la velocidad en el flujo de la conexión y el vértigo que a veces implica no sea en sí ni positiva ni negativa, sino simplemente un signo de los tiempos. Pero al igual que el consumo excesivo de muchas substancias genera una tolerancia que al interrumpir la ingesta produce estragos en las personas adictas, estudios como el arriba citado deberían hacernos reflexionar sobre si la hiper-conexión en la que vivimos está alcanzando niveles tóxicos.

Curiosamente, una de las tendencias últimamente más extendidas, la práctica de la llamada atención plena o mindfulness, persigue crear un espacio y un tiempo en el que nuestra mente esté concentrada en un único punto. Sin hacer nada más, y regresando una y otra vez a ese punto cada vez que un pensamiento ajeno se introduzca sin permiso en nuestra conciencia. La meditación, además, implica realizar este ejercicio en solitario, y por tanto en total desconexión social. Si no fuera porque parece existir una creciente evidencia en favor de este tipo de técnicas, el mundo podría seguir sin reparos su camino hacia la multiconectividad ubicua.

Y es que, como ha ocurrido en el pasado en muchas ocasiones en las que ha existido una tendencia social abrumadora, y con excepción de algunas voces críticas que con el tiempo pasarán al olvido, existe una aún demasiado escasa investigación sistemática sobre los efectos de estas prácticas. Aunque conocemos los efectos del síndrome de abstinencia conectiva, porque lo experimentamos en primera persona y porque lo vemos en los demás, no sabemos a qué nos conduce exactamente una población que vive constantemente en la multiconexión instantánea. Ante esta situación, es posible que se pueda suplir la ausencia de investigación con un poco de reflexión y capacidad analítica. Paradójicamente, sin embargo, esto se antoja complicado en las condiciones actuales, puesto que la reflexión quizá debería ser individual, y eso parece estar fuera del alcance de esta sociedad hiperconectada. Una sociedad que, ante el síndrome de abstinencia conectiva, debería ser, si no escéptica, acaso un poco más crítica frente al aparentemente imparable avance de la conexión constante.

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 24.06.2014

 

Desde hace tiempo sabemos que cuando el ser humano recuerda un episodio de su vida el funcionamiento del cerebro sigue un patrón bastante similar a cuando esa persona vivió realmente la situación. Por raro que parezca, da la sensación de que nuestras neuronas no parecen distinguir demasiado entre una vivencia y su recuerdo. Y uno de los aspectos más interesantes de este hecho tiene que ver con nuestra capacidad de autogestión emocional, en concreto con esas emociones que son como muertos vivientes.

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El Economista, Jesus Alcoba / 02.02.2014

Hay veces que no estamos a lo que estamos. Porque, digan lo que digan, el ser humano no tiene la capacidad de realizar dos tareas al mismo tiempo, sea cual sea su género. Y casi siempre que lo intenta, una de las dos, o las dos, tienden a salir mal. Fundamentalmente porque se fuerza a la conciencia a reenfocarse continuamente cada vez que va y viene de lo que estamos haciendo.

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