Por qué la gente adora las charlas TED

Antes de TED, una conferencia era solo una conferencia.

Cómo TED consiguió innovar en un formato que llevaba dos mil años sin cambiar, desde que Cicerón escribiera El Orador.

Cuando termines de leerlo comprenderás mejor qué hace que una charla TED funcione donde otras conferencias fallan.

Por Jesús Alcoba, escritor y conferenciante.

Tiempo de lectura: 3 minutos.

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Soy un firme convencido de que es posible innovar en cualquier área del conocimiento. Desde que Cicerón escribiera “El Orador”, hace más de dos mil años, daba la impresión de que, con mayores o menores modificaciones incrementales, y mejor o peor calidad de ejecución, una conferencia era una conferencia, sin más.

Sin embargo TED ha conseguido innovar en este sector de una manera tan sorprendente y disruptiva que hoy día hay fans y suscriptores de sus charlas por todo el mundo. Si la pregunta fuera “¿qué había antes de TED?” La respuesta sería “nada de nada”. Han inventado un espacio propio, han creado una nueva forma de comunicar y, en definitiva, han innovado donde a nadie se le había ocurrido.

Conscientes de su éxito y fieles a su lema de difundir las ideas que merecen la pena, crearon los eventos TEDx, que son programas que siguen sus líneas maestras y procedimientos. El motivo es simple: lo mejor que puede hacer quien encuentra una idea genial, es replicarla cuantas veces sea posible. Y TED es una idea genial.

Las charlas TED/x funcionan porque se ha puesto mucho ingenio y trabajo en crear un concepto de conferencia que busca algo aparentemente muy sencillo, pero en realidad complejo, que es la difusión de las ideas. El pensamiento humano es, en esencia, difícil de cambiar. Le ocurre como cuando un cuerpo celeste entra en la atmósfera: si llega muy plano, rebotará, como las ideas que quedan muy lejos de nuestra constelación de creencias. Y si llega demasiado vertical, se estrellará contra la capa atmosférica, como ocurre con las ideas que son muy contrarias a las nuestras. Solo con el ángulo adecuado los nuevos conceptos penetran en la atmósfera de nuestras convicciones, conmoviéndolas y haciéndolas evolucionar.

¿Y por qué funcionan? Muy sencillo: porque todo está pensado para que sea así: desde la selección de las ideas y ponentes, pasando por la estructuración de las charlas y los guiones, atravesando la puesta en escena y la producción audiovisual, todo está orquestado para crear una experiencia que se sitúe en esa delgada frontera entre el conocimiento y el entretenimiento. El diseño, finalmente, envuelve todos los componentes generando una vivencia memorable y diferencial.

En el otro extremo, y para que todo eso ocurra, el esfuerzo de organización es tremendo, y el trabajo que se pide a los ponentes es también extraordinario. Desde este punto de vista, interpretar una charla TED/x no consiste simplemente en saber hablar en público. Ni siquiera en hacerlo bien. Llevar a cabo una de estas conferencias implica hacerlo bien dentro del contexto en el que transcurren. Es decir: estar pendiente de moverse sin salirse del área de la famosa alfombra roja, controlar la posición de las cámaras, estar pendiente del cronómetro que marca el tiempo, verificar que en el monitor sale la diapositiva correcta, y por supuesto interpretar la charla de la mejor manera posible en conexión con el público: captar su atención, motivar su interés, entretener y, por encima de todo, hacer que su constelación de ideas acoja a un nuevo miembro que, con toda seguridad, será una idea que merece la pena difundir.

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Este artículo, publicado por TEDxMalagueta, forma parte de una serie de ensayos periodísticos y columnas de opinión, escritos a lo largo de los años en diferentes medios, que recojo aquí como colección unificada.