Uno de los fundamentales motivos por los cuales al ser humano le cuesta cambiar es porque vive encerrado en una película que ha creado él mismo, de la que es protagonista y en la que cree por encima de todo. Esta película es la que explica su mundo y la que utiliza para interpretar la realidad. Así que, antes que en cualquier otro argumento, creemos en el nuestro propio y no estamos dispuestos a cambiarlo fácilmente. Esta forma de egocentrismo, que en otros formatos también ocurre en los niños y en los adolescentes, según ha mostrado la investigación, nos acompaña obstinadamente incapacitándonos para imaginar mundos posibles y apostar por ellos.
El problema, uno de los problemas, viene cuando nos situamos ante un reto que realmente pone a prueba nuestras capacidades: intelectuales, emocionales, físicas, profesionales o del tipo que sean. Puede tratarse de un proyecto de dimensiones excesivas, del lanzamiento de un...