Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 11.07.2018

Es una verdad tan evidente como en el fondo repudiada que el éxito, personal o profesional, es una tarea ardua y difícil. No solo porque cuesta sudor y lágrimas, sino porque los reveses de la vida hacen que a veces haya caídas inesperadas y dolorosas, de esas que hacen sangre. Ese tipo de derrumbes a los que nos referimos cuando decimos que alguien ha mordido el polvo.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Jesus Alcoba, Psicología del éxito / 12.05.2016

Quizá no te suene, pero tal vez nunca en la historia de la humanidad ha habido una modelo más hermosa que una joven del Renacimiento llamada Simonetta Vespucci. Era considerada la reina de la belleza y, además de en otras obras, fue inmortalizada por Botticelli en El Nacimiento de Venus, dejando más que patente su hermosura.

Como toda mujer atractiva, Simonetta levantaba pasiones por donde pasaba, entre ellas las de Americo Vespucci, quien seguramente bebía los vientos por ella. Sin embargo, la bella Simonetta estaba enamorada de Marco Vespucci, primo de Americo, con quien finalmente contraería matrimonio.

 

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 23.10.2014

Bruce lee escribió: “créeme que en cada gran reto siempre hay obstáculos, grandes o pequeños, y la reacción que uno muestra ante esos obstáculos es lo que cuenta, no el obstáculo en sí. No existe la derrota hasta que tú la admitas”. Que la vida que vivimos es una sucesión de altibajos es tan cierto como que tiene un principio y un final. Por eso, pongamos la energía que pongamos en esquivar los golpes, al final llegarán. Por tanto lo mejor es estar preparados desarrollando nuestra capacidad de regeneración.

En un estudio destinado a analizar los impactos que los seres humanos experimentamos, se encontró que la media de acontecimientos adversos serios que vivimos es de unos ocho a lo largo de nuestra vida. Lo sorprendente del caso es que mientras que unas personas tienen serias dificultades para recuperarse, o no se recuperan nunca, otras muchas salen más o menos airosas de los trances que se les plantean. Dice la investigación que aproximadamente un tercio de las personas son naturalmente resilientes, y por tanto los otros dos tercios deben aprender a serlo, si quieren evitar que los contratiempos estorben o impidan su camino hacia el éxito.

Tanto la capacidad de encajar golpes como la de aprender de ellos son facultades que se aprenden. Aunque resulte difícil de creer, las personas pueden elegir la manera en que quieren interactuar con lo que les pasa, y por eso tras una situación difícil pueden tender o bien barreras, o bien puentes hacia un futuro mejor. Es una cuestión de actitud, de voluntad, y afortunadamente de práctica, por lo que cuanto más obstáculos se han superado es más fácil recuperarse de los que van surgiendo. Quizá el problema de fondo no está tanto en saber que las adversidades se pueden superar y que se puede aprender de ellas, sino en el inmenso esfuerzo que conlleva, tanto más cuando más grande es el problema.

La regeneración es una cualidad que hay que entrenar. Aunque cueste.

Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 19.12.2013

Hace algún tiempo se realizó un estudio para intentar mostrar hasta qué punto las dificultades de la vida podían contribuir a incrementar el desarrollo personal. Los investigadores intentaron determinar cómo evolucionaban distintos síntomas negativos, como el estrés, conforme aumentaba el número de acontecimientos adversos a lo largo de la vida. También midieron qué relación tenían estos con una medida genérica de satisfacción vital.

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Ciencia y Management, Dirigentes, Jesus Alcoba / 14.06.2013

Algunas de nuestras grandes preguntas tienen que ver con las adversidades, con los problemas o las crisis, con el fracaso, con vernos un día arrojados fuera de nuestra existencia profesional o personal, con ese momento en el que no nos queda otra persona a la que mirar que a nosotros mismos. Aunque parezca mentira puede ser muy productivo preguntarse qué ocurriría ese día, que afortunadamente en la gran mayoría de los casos nunca llega, en el que la rueda de la fortuna gira y todo se colapsa a nuestro alrededor dejándonos desnudos en medio de un desierto que se extiende donde antes florecía el vergel en el que vivíamos.

Parafraseando ese bello texto quizá erróneamente atribuido a Borges, la respuesta a esas grandes preguntas puede tener que ver con la idea de que uno debe plantar su propio jardín y decorar su alma, en lugar de esperar a que sean otros quienes le traigan las flores: un jardín al que volver cuando las cosas vayan mal.

Fortalecer nuestro yo profesional y personal es una vacuna contra las adversidades. De esta manera cuando el resto de las luces se apagan siempre podemos encender la nuestra propia y regresar a nuestros orígenes, a lo que de verdad es nuestro y solo nuestro. Uno debería desarrollar sus talentos e inquietudes con independencia de para quien trabaje o de quien tenga a su lado en un momento determinado. Luego se puede viajar a otros jardines, junglas, montañas o playas, pero siempre hay que tener un jardín donde poder volver. Y es paradójico que muchos no lo tengamos, porque si bien hemos perfeccionado sofisticadísimos métodos para escuchar al cliente o al prójimo, a menudo no nos hemos escuchado a nosotros mismos lo suficiente. Si lo hiciéramos nos daríamos cuenta de que siempre hay algo que nos hace vibrar. Y perseguirlo debería ser una constante irrenunciable en nuestra vida: perseguir lo que nos diferencia y lo que nos da valor.

Se ha escrito mucho sobre el motivo por el cual la Gioconda ha trascendido a los siglos. Y se ha especulado que una de las claves es su belleza, aunque hoy sabemos que no es así. La Gioconda no ha vencido el paso del tiempo porque sea guapa sino porque, sfumato aparte, es rara: es una mujer de piel amarilla y sin cejas que nos mira como a quien nada le importa. Hasta que descubrimos que la del Prado es una copia en teoría idéntica no nos dimos cuenta de que hasta qué punto esto es cierto: porque la del Prado es efectivamente atractiva, pero la del Louvre es rara. Auténtica, pero rara.

Dicen que dijo Einstein que uno de los motivos más poderosos que hacen que la gente se sienta atraída por la ciencia y el arte es el deseo de escapar del día a día. Hay que buscar lo que nos hace diferentes: lo que aportamos como profesionales cuando no estamos integrados en la inteligencia colectiva de una organización, y lo que nos da la vida cuando no tenemos personas a nuestro alrededor que nos arropen. Si lo buscamos con auténtica pasión aunque seamos raros seremos diferentes, pero en cualquier caso seremos auténticos. Como la Gioconda.

El sitio donde siempre se puede regresar es uno mismo. Y ese uno mismo hay que cultivarlo y quererlo, porque es nuestra última línea de defensa. Representa nuestros cuarteles de invierno, que los romanos llamaban hiberna. En esos cuarteles hay que plantar un jardín para que podamos hibernar mientras esperamos, realimentándonos y reinventándonos, a que el temporal amaine.

El problema es que no estamos acostumbrados a cultivar nuestro propio jardín porque no nos han enseñado. Alguien sabio dijo que la Educación debería consistir en hacer que las personas se sientan motivadas a perseguir los grandes objetivos que dan sentido a la vida. Con esos objetivos debería estar decorado el jardín de nuestros cuarteles de inverno, ese al que siempre podremos volver.

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com