El Economista, Jesus Alcoba / 23.01.2014

Con el tiempo hemos ido creando un mundo en el cual huimos del aburrimiento como si fuera un virus. Nos duchamos con la radio encendida, desayunamos consultando la tablet, conducimos escuchando las noticias, trabajamos mientras seguimos en paralelo nuestra vida personal con el smartphone, y salimos a correr al ritmo de nuestra playlist favorita. Ni siquiera la televisión, que es en sí un artilugio destinado a generar entretenimiento, está a salvo de nuestra infidelidad respecto a otros dispositivos, que nos ayudan a superar los espacios de publicidad o los programas más aburridos.

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