08 Sep Buenos y malos jefes
Se entra en las empresas por el salario. Se sale por el jefe.
Empatía activa, conciencia y esperanza: las claves del liderazgo resonante que distinguen a quien inspira de quien desgasta.
Cuando termines de leerlo sabrás qué separa a un jefe resonante de uno disonante, y por qué eso importa más que el sueldo.
Por Jesús Alcoba, escritor y conferenciante.
Tiempo de lectura: 5 minutos.
– – –
Buenos y malos jefes
Dicen que entramos en las empresas buscando buenos salarios y salimos de ellas a causa de los malos jefes. Bien mirado, el liderazgo debería ser una cuestión sencilla, dado que todo el mundo sabe distinguir un buen jefe de uno malo; hasta los monos. Sin embargo, el asunto no debe ser tan fácil, porque si lo fuera los malos jefes no existirían. El liderazgo resonante es uno de los enfoques recientes sobre este tema, y clasifica a los líderes en resonantes y disonantes.
Los líderes resonantes son aquellos que logran instaurar en el equipo un tono emocional positivo, sincronía interpersonal y calma. Los líderes disonantes hacen todo lo contrario, es decir, contagian al equipo un tono emocional negativo, dificultades interpersonales y ansiedad. Cuando las personas se sienten bien, no sufren de estrés innecesario y están conectadas con otras personas, entonces producen de manera natural. Y eso, producir de forma natural, de forma que no cueste aparente esfuerzo, es lo que llamamos inspiración. Así que también podríamos decir que los líderes resonantes son inspiradores.
No debemos suponer que eso se consigue fácilmente, porque cualquiera puede recordar que en su historia ha conocido a muchos malos jefes. Personas que debido a su ambición, egoísmo, limitaciones o falta de preparación han creado discordia y ansiedad en sus equipos haciéndolo todo más difícil. Hoy, más que nunca necesitamos buenos jefes, líderes resonantes que nos inspiren y que impulsen un movimiento constante hacia delante.
A veces los líderes inspiradores son mejores que los buenos salarios.
El liderazgo y la empatía activa
Una de las claves del liderazgo es la identificación del bien común, del rumbo con el que todos se sienten identificados. Sea cual sea el motivo por el que las personas se han unido a él, siempre es necesario recomponerlo y ajustarlo sobre la base de los rumbos individuales que cada miembro del equipo sigue en la vida. Si las personas no sienten que hay algo para ellos en el proyecto común es muy difícil que se entreguen de verdad. Por eso la empatía es importante.
Hoy que tanto se habla de evaluación del desempeño, de saber escuchar, del liderazgo desarrollador y de todos esos conceptos tan importantes, a menudo se olvida que todo ello no puede funcionar sin empatía, una habilidad humana tan conocida como poco explotada en el terreno del liderazgo. En el modelo del liderazgo resonante la empatía activa es una clave irrenunciable. Tenemos que aprender a vivir la vida del equipo como la vive cada uno de sus miembros, para poder averiguar cómo perciben lo que queremos conseguir. La identificación con una clave común no se logra en la mayoría de los casos simplemente informando, ni solamente comunicando aunque sea eficazmente, ni únicamente persuadiendo. Hay que saber lo que cada uno puede aportar y, más importante, lo que cada uno quiere aportar, para saber cómo encaja en el rumbo común. Si no es así, las personas pueden sentirse informadas pero no implicadas, o escuchadas pero no entusiasmadas.
Empatía es saber cómo ve la realidad el otro. Empatía activa significa actuar en consecuencia.
El liderazgo y la conciencia
Una de las cualidades del liderazgo resonante es la conciencia. Tanto en los buenos como en los malos tiempos los grandes líderes se han caracterizado por leer la realidad con ecuanimidad. Por estar en el aquí y en el ahora, y por no dejar que ni el pesimismo les consuma ni un optimismo ingenuo les distraiga. Aunque pueda parecer lo contrario, saber dónde se está no es una tarea fácil para nadie, y menos para una persona que conduce a otras.
Encontramos directivos de microempresas que hablan de ellas con la seguridad que tendrían si fueran multinacionales, y directivos de multinacionales que, aún arropados por la inercia y tamaño de un coloso, olvidan que lo importante siempre serán sus clientes. Hay quien estaba mirando para otro lado cuando aparecieron las dificultades serias, y líderes que no comprenderán nunca que los resultados de sus equipos son consecuencia de sus acciones, las que llevan a cabo u omiten en primera persona, y no de las circunstancias.
Estar donde uno está, estar a lo que se está, y saber dónde se está son habilidades aparentemente sencillas pero no tan frecuentes como sería deseable en las personas que ostentan posiciones de liderazgo. A veces las luchas por el poder, la obsesión por los resultados, las egolatrías y demás flaquezas humanas desvían a los líderes de uno de sus auténticos cometidos, que es ser plenamente conscientes de lo que ocurre y atender a ello con todos sus sentidos.
Los grandes líderes están en el aquí y en el ahora.
El liderazgo y la esperanza
Dicen que Napoleón dijo que un líder es un repartidor de esperanza. Y probablemente la capacidad de generar esperanza recoja la esencia más auténtica del liderazgo. Porque los grandes líderes no son personas que lo saben hacer todo, y a veces ni siquiera tienen grandes dotes de gestión de equipos o de organizaciones. Pero tienen visión. Y la visión es lo que engrana a las ideas con las personas para producir las chispas de las que nace la creatividad, la innovación, la creación de valor y el progreso.
Encontrar luz en la oscuridad es un proceso misterioso y raro de ver. De igual manera, tener la visión que hace falta para saber hacia dónde debe ir una organización es igualmente extraño y poco frecuente. La esperanza no es una forma de optimismo vacío, ni mucho menos la confianza en que un golpe del destino resolverá cualquier situación. La esperanza es la creencia de que si se sigue un determinado rumbo las cosas saldrán bien. En ella es tan importante la ilusión y la emoción como la factibilidad de aquello que se pretende. Por eso la esperanza está conectada con la visión.
Definir un futuro factible para la organización debería ser una de las preocupaciones más importantes de los líderes. Por eso la esperanza es uno de los pilares del liderazgo resonante.
Sin esperanza no hay visión, ni hay futuro.
– – –
Estimula tu crecimiento personal gratis y por entregas cada semana desde la comodidad de tu bandeja de entrada. Artículos actuales y fáciles, breves y frescos, como estos. No seas víctima de los memes: pon tu mente en forma suscribiéndote gratis ahora en hola.jesusalcoba.com
– – –
Este artículo, publicado por El Economista en 2014, forma parte de una serie de ensayos periodísticos y columnas de opinión, escritos a lo largo de los años en diferentes medios, que recojo aquí como colección unificada.