27 Sep No, no son 21 días los que hacen falta para crear un hábito
El dato de los 21 días es una leyenda urbana con bata de médico.
De dónde salió el mito de los 21 días para crear un hábito, y qué dice la ciencia real sobre cuánto se tarda de verdad.
Cuando termines de leerlo sabrás cuánto se tarda realmente en crear un hábito, y qué hacer si fallas un día.
Por Jesús Alcoba, escritor y conferenciante.
Tiempo de lectura: 3 minutos.
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Ni es cierto que utilicemos solo el 10% de nuestro cerebro, ni tenemos que beber dos litros de agua al día, ni el pelo crece más fuerte porque nos afeitemos. Son mitos que nacieron quien sabe dónde y que se han extendido sin control a lo largo y ancho del planeta. Tampoco es verdad que en 21 días se pueda generar un hábito.
En 1960 un cirujano plástico norteamericano escribió un libro en el que afirmaba que el tiempo que pasa hasta que una persona comienza a acostumbrarse a su nuevo aspecto tras una intervención, y también el tiempo que transcurre hasta que se dejan de sentir sensaciones de un miembro amputado, es aproximadamente de 21 días. En conclusión, según Maltz, se requieren 21 días para producir un cambio mental. Que se sepa, no hizo ningún estudio para demostrarlo, ni se basó en otra evidencia más allá de sus propios pacientes. Y así fue como, él solito, dio origen a la leyenda.
El caso es que alguien debió leer aquello, y no solo lo dio por válido sin mayor comprobación, sino que dedujo que esos mismos 21 días eran los que hacían falta para crear un hábito. A la gente le debió gustar la idea y entonces comenzó a extenderse este dato, que es absolutamente erróneo.
Entre otras cosas, porque no tiene sentido. Si se piensa bien, sería francamente extraño que un mismo número de días valiera para instaurar cualquier tipo de hábito en cualquier tipo de persona: 21 días para que una persona mayor se habitúe a dar un paseo tras la comida, 21 días para que una mujer de mediana edad acuda habitualmente al gimnasio y 21 días para que un niño se acostumbre a ensayar tres horas al día en solitario con su violín.
En un estudio donde se pretendía precisamente averiguar cuánto tarda una persona en generar un hábito, se llegó a la conclusión de que en realidad ese tiempo es de unos dos meses, con un rango muy amplio entre apenas unas semanas y más de un semestre.
A pesar de que este dato pueda resultar descorazonador, lo cierto es que en el estudio se incorporaban otros dos hallazgos sumamente interesantes. El primero es que los primeros días son muy importantes, puesto que son los que más grado de automatismo añaden. En otras palabras, con el tiempo cada vez es necesario menos esfuerzo para consolidar el hábito, lo que sin duda constituye un dato clave. El segundo es que fallar algún día no tiene consecuencias a largo plazo. Esto es muy relevante, puesto que hay quien se desmotiva porque un día o dos no ha conseguido llevar a cabo la conducta que se había propuesto y abandona. Lo que hay que hacer, simplemente, es retornar a la rutina al siguiente día y el proceso de consolidación del hábito continuará su curso, sin efectos secundarios por la interrupción.
El dato de los 21 días es erróneo. Sin embargo, lo que es absolutamente cierto es que los hábitos son instrumentos muy potentes en nuestro camino hacia el éxito, porque funcionan como pilotos automáticos de la conducta. Por ese motivo, seleccionarlos y cultivarlos hasta dominarlos es una de las claves fundamentales de una vida más plena y feliz.
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Este artículo, publicado por El Huffington Post, forma parte de una serie de ensayos periodísticos y columnas de opinión, escritos a lo largo de los años en diferentes medios, que recojo aquí como colección unificada.