El espíritu de la radio

¿El día que más lo he flipado en mi vida? Fácil, tía. Estaba yo joseando de precaria en radio Trap-O, una emisora rollo freaky que lo petaba. Cierto que había que ir a mordor pillando tres trasbordos, pero luego llegabas y rentaba mazo. Imagina, un antro tipo caverna mal iluminado y demás, en plan con pósters de bandas de los dos mil mal pegados por las paredes. También de tías en bolas, rollo súper machista que no molaba nada. Ah, y un montón de ilustraciones de tíos con rabos enormes. Pero enormes. Real, tía. Yo creo que aquel sitio no lo habían limpiado nunca y daba bastante cringe, pero en la facultad todo el mundo sabía que era lo mejor en trap. A pesar de que no era una radio pirata de verdad en plan ilegal y demás, sino que era como un montaje de un balin con mucha lana para hacer promo de sus movidas entre gente joven o algo así. Yo el primer día fui con una raxet medio feka de la facul que también optaba al precariado. Y no volvió del susto que se llevó, porque ella iba en plan postureo con sus selfis y toda esa mierda y después del último programa se veía que el mood era pillar un bricks y sizzurp y montárnoslo a morir, rollo poliamoroso y demás. Todos estábamos living el momentazo pero yo creo que la tía era boque, porque se rayó mazo y no volvió.

La estrella era Mika Barreto. Boomer pero con un huevo de swag. Vamos, con un rollazo de esos que lo petaba hasta con las tías de mi edad. Era total. Abría el micro y bua, era fantasía la tía. Esa voz. Allí estábamos todos tageando sus frases con fotos del antro y demás. Todos los días venían tiktokers a escucharla en directo y a sacarle fotos y grabarla. A ella no le importaba. También venían un montón de toyacos entre los que ella de vez en cuando elegía a uno para montárselo. Algunos súper jóvenes. Y ellos topegaos, claro. Pero luego siempre les hacía ghosting, tía. No se quedaba con ninguno.

Bueno, voy al tema que me enrollo. La movida fue que al dueño de la radio le molaba ella. Pero le molaba de verdad. Vamos, que era su crush. Y el salseo era que intentaba de todo para ligársela, pero ella siempre le dejaba en blue. Hasta que un día debió haber beef entre ellos, porque ella se rayó con tanto stalkeo y le dijo que la dejara en paz. La cosa es que él se rayó más y más y empezó a criticarla delante de todos en plan rollo hater total. Todos flipábamos porque ella seguía tan brutal como siempre, con su voz y todo eso.

No te quiero hacer spoiler pero necesitas saber que en la radio lo peor es que haya un silencio. Es el mega fail. Cuando por lo que sea la señal falla y al que está escuchando no le llega nada. De nada. Bueno, pues el caso es que un día estábamos todos en plan flexy mientras se emitía el programa en el estudio, rollo súper chill. Y de repente bua: se deja de oír por el altavoz que teníamos fuera. No de golpe, sino que al llegar al final de un tema no se escuchó nada. Nada de nada, tía. Real. Al principio yo pensé que era un truco de ella, que a veces dejaba silencios largos para crear suspense y demás, pero luego nos dimos cuenta de que algo iba mal. Y tía, nos levantamos para ir a ver y lo que vimos fue la hostia no, lo siguiente: allí estaba Mika montándoselo con el pavo del control encima de la mesa. Bombilla de directo apagada, obvio. La gente al verlo se partía el culo porque todos sabíamos lo que había. Pero ellos a su tema.

Y bueno, el final de esta historia es brutal. Vas a ver por qué fue el día que más lo he flipado de toda mi vida. Miramos las redes y allí estaban todos los trolls poniéndonos a parir, sobre todo podcasters que le tienen declarada la guerra a la radio por antigua y demás. Pero en fin, la cosa fue que el dueño de la radio, que vivía cerca, apareció de repente y vio el espectáculo. Yo creo que algo se le partió dentro, tía. Así que sacó el móvil para hacerles una foto, en plan para denunciarles o algo, y en ese momento pasó lo que tenía que pasar: un random con pinta de niño rata enorme como una puerta y gordo como un trullo le arrancó el móvil, lo tiró al suelo y lo aplastó con sus Doctor Martens. El flanagan se quedó palomo y luego cri cri, se hizo el silencio. Vaya lache, tía. Él miró a todo el mundo con su rabia de looser y luego se esfumó como un pedo en el viento.

Después de aquello Mika se piró, claro. Y a partir de ahí la radio comenzó a perder el hype. Lo intentaron con una pasada de locutores pero cada vez había menos oyentes. Hasta que la cerraron. Pero aún sigue allí, tía, en el puto mordor. Con sus pósters de tetas y rabos enormes. Es un sitio mítico. La movida es que le han puesto mil candados y cerraduras pero cada poco la puerta aparece forzada y abierta de par en par. Hay quien dice que a Mika le sigue poniendo esa mesa y entra para echar un polvo de vez en cuando. Otros piensan que hay una secta de traperos que lo han pillado como templo. Pero yo pienso que la puerta se abre sola, tía. Creo que es el espíritu de la radio, que se niega al olvido y espera que alguien entre a devolverle la vida.

 

© JESÚS ALCOBA 2021.
PUBLICADO EN “EROS Y PERIODISMO”, OBRA COORDINADA POR DAVID FELIPE ARRANZ Y EDITADA POR GRUPO SIAL PIGMALIÓN.