Cambiar de película

Es sabido que la vida que vivimos no es real. No lo es por muchos motivos, y el más importante de ellos es que la memoria no fue creada para registrar y almacenar fielmente la experiencia. Pese a que la capacidad de recordar es posiblemente la habilidad humana más sobresaliente, no deja de resultar paradójico que el sistema de almacenamiento sea, por lo que respecta a la fidelidad a los hechos, claramente defectuoso.

Que no vemos las cosas como son en realidad es un hecho comprobado, y que no las recordamos como ocurrieron es algo quizá siempre intuido pero realmente demostrado hace más bien poco. El cerebro no recuerda hechos, sino que construye biografías. Y la de cada uno, claro, es diferente. Así que cada individuo no vive en la realidad, sino en su realidad. Vive en un argumento creado por él mismo en el que todas las cosas tienen que tener sentido, como en una película.

Que la vida que vivimos es solo una entre infinitas vidas posibles es una constatación tan obvia como fascinante. Si usted se imagina siempre de la misma manera es debido a la peculiar construcción de su cerebro, que utiliza la misma circuitería cerebral para imaginar el futuro que para recordar el pasado. Así que usted es únicamente un protagonista posible de una de las películas posibles, de una que ha guionizado usted pacientemente a lo largo de los años. Sin embargo, de la misma manera que hay infinitos argumentos también podrían existir infinitos protagonistas.

La novedosa línea de investigación de Timothy D. Wilson muestra que no sólo es viable cambiar de argumento, sino que puede tener efectos beneficiosos. En uno de sus estudios actuó sobre un grupo de estudiantes de primero de carrera a los que no les iba bien académicamente. Lo que hizo fue alterar la interpretación que hacían de su escaso éxito, convenciéndoles de que ese hecho era consustancial a la entrada en la Universidad. La intervención duró únicamente treinta minutos, y el estudio demostró que los estudiantes acabaron teniendo mejores notas y menor tasa de abandono que un grupo similar con el que no se hizo intervención alguna. Los estudiantes vivían en un melodrama, una película sobre el fracaso y la falta de cualidades, y Wilson cambió ese guión por una cinta en la que simplemente experimentaban las normales dificultades en su entrada a la Universidad. Y ese solo hecho cambió sus vidas. Nunca mejor dicho.

Así que cuanto más persevere usted en la idea de que es como es y de que la vida que vive es la que le ha tocado, tanto más estará consolidando su propio argumento y en esa misma proporción se estará impidiendo a sí mismo cambiar. Si es abogado piense que podría ser marino, y si es médico piense que también podría haber sido escultor. Si tiene familia podría no tenerla, o al revés, y si tiene sobrepeso, fuma y bebe en exceso, créase que también podría estar delgado, no fumar y ser abstemio. Es verdad que a los primeros que cuesta creer estas cosas es a nosotros mismos, porque no hay ninguna realidad que esté fuera de lo que las neuronas tejen y, si las mismas que proyectan el futuro son las que imaginan el pasado, resulta que el cerebro es un poco como el dios romano Jano, que tenía dos rostros, uno mirando en cada dirección. Pero hoy sabemos que usted puede liberarse del lastre del pasado y reinventarse, tejer un nuevo argumento con un nuevo protagonista que será, sin duda, un poco más parecido a lo que usted siempre soñó de sí mismo.

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com