Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 17.01.2018

“No me gusta escribir.”

Esta ha sido, con diferencia, la frase más comentada de mi cuarto libro. Está en la página 233, en una especie de epílogo que suelo escribir relatando cómo ha sido mi experiencia con cada uno de ellos. No deja de llamarme la atención que lo que más a menudo se comenta sea una frase que no tiene nada que ver con su contenido. Sobre todo, porque fue una obra complicada de ingeniar y de escribir.

Acabo de publicar mi quinto libro, y sigo pensando lo mismo: no me gusta escribir, porque cuesta un gran esfuerzo. Supongo que es algo que todos los que nos dedicamos a ello sabemos, aunque en mi caso he ido dándome cuenta progresivamente, a base de muchos errores y algún que otro acierto. Sin embargo, cuando empecé no sabía lo que realmente implica el proyecto de un libro. Y precisamente por eso escribo esto: para que quien lo lea tenga algo más de información de la que yo tenía cuando inicié esta aventura.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 10.01.2018

En una ocasión, uno de los asistentes a un programa de formación se dirigió al profesor y le dijo: “El curso ha sido fabuloso. ¿Podrías grabarme la presentación en este pendrive? Ha sido tan bueno que voy a dárselo yo a mi equipo”. Por sorprendente que parezca, es un caso completamente real.

Sin entrar en otro tipo de valoraciones, como por ejemplo la osadía de aquel tipo, la pregunta que subyace a este caso es muy simple: ¿cuánto cuesta convertirse en un experto? ¿Puede cualquier persona tomar la presentación que ha usado otra e impartir el mismo programa sin que se note que no es el autor original? ¿Y si elabora ella misma la presentación, pero todo el contenido sale de un solo libro? ¿Y si es de dos? ¿A partir de cuántos documentos consultados se considera que la curación de contenido convierte a la presentación resultante en una obra original?

Vivimos en el compás de lo veloz y de lo efímero. El conocimiento viaja a tal velocidad que las novedades de hoy estarán mañana en boca de todos. Y lo que hoy es cierto posiblemente pasado mañana ya no lo sea tanto. Los feeds de redes sociales como Twitter y LinkedIn procesan información de una manera tan vertiginosa que a veces es difícil saber cuál es la fuente original de un dato o de una idea. Tanto que es sumamente sencillo elaborar una presentación, casi sobre cualquier tema, únicamente observando lo que aparece en estas redes y traspasándolo a una serie de diapositivas. El hecho de que las intervenciones de los ponentes en los eventos cada vez sean más breves lo hace más fácil, por el solo hecho de que es más sencillo elaborar un fragmento breve de contenido que uno extenso.

En ocasiones da la sensación de que es sumamente simple convertirse en un gurú instantáneo, uno de esos autonombrados expertos que últimamente se encuentran por doquier hablando de la transformación digital o del distópico futuro que, al parecer, nos espera cuando nuestro mundo se llene hasta los bordes de robots, o bien de ese tipo de coaching buenista y melifluo cuyos vacuos consejos se encuentran ya hasta en las revistas de kiosko que reposan, indolentes y ajadas, en las salas de espera de dentistas o veterinarios.

Décadas de esa inaudita veneración por fuentes de conocimiento acaso extenso pero discutible y superficial como Wikipedia y sus me-toos, bombardeos constantes de contenido en snack tan apetecible como poco nutritivo y, desde luego, ese inquietante fenómeno que muestra que la gente cree que sabe más de lo que sabe cuando busca información en Internet, han acabado por hacer que en muchos casos cueste distinguir el contenido auténtico del copiado, las fuentes estables de conocimiento de las volátiles y, en el peor de los casos, el contenido científico del que no lo es o del que, peor aún, pretende serlo.

Cargar una presentación en un pendrive lleva apenas unos segundos. Sin embargo, los virtuosos del clásico estudio de Anders Ericsson necesitaron diez mil horas de práctica deliberada para alcanzar el nivel de dominio que les separaba de los inexpertos. Confiemos en que, en este tiempo que transcurre en el compás de lo veloz y de lo efímero, siga siendo más importante ser que parecer.

 

Originalmente publicado en www.dirigentesdigital.com

Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, Huffington Post, Inspiración, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 31.05.2017

Parece ser que las ovejas negras eran menos apreciadas que las blancas debido a que su lana era peor valorada en el mercado. Y quizá ahí comenzara esa tendencia desgraciadamente tan humana a despreciar al que es diferente. Una inclinación quizá más frecuente hoy en día, cuando la propensión a confiar en la sabiduría colectiva, en forma de opiniones mayoritarias en las redes sociales, parece ser la base de cualquier decisión individual.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 15.11.2016

La alargada sombra de la Revolución Industrial extendió su efecto hasta bien entrado el siglo XX, mientras reinaba la economía de los productos, basada en el paradigma de la profesionalización especializada y en los procesos fabriles. Como consecuencia, apareció la etiqueta made in seguida del país de origen en cada bien que se introducía en el mercado, como una forma de diferenciar los buenos productos. Con el cambio de siglo el panorama ha cambiado sustancialmente.

Hace casi dos décadas que abandonamos el siglo XX, y la transformación que han sufrido los mercados tras el arranque del siglo XXI ha sido de proporciones extraordinarias. El vértigo introducido por la digitalización y la revolución copernicana que ha generado la cultura centrada en el cliente han redibujado todos los mapas. Hoy día la manufactura como proceso clave del mercado y la cultura de la calidad como garantía de bondad de un producto han dado paso a un escenario muy distinto, en el que el made in es cada vez menos importante.

Gracias a la globalización hoy día se fabrica en prácticamente cualquier lugar del mundo, porque prácticamente en cualquier lugar del mundo se puede disponer de mano de obra bien entrenada y de máquinas eficientes. La fabricación y la calidad se han comoditizado y hoy lo que realmente es importante es quién es el autor de una idea. Empresas como Apple hoy escriben en sus dispositivos no solo dónde están fabricados, sino dónde están diseñados. Hemos pasado del made in al designed by.

En un contexto donde la innovación es un valor ya irrenunciable sin el cual no se puede competir en el mercado, la importancia de las buenas y nuevas ideas es mayor que nunca. El diseño, no solo como una manera de crear belleza sino, sobre todo, como dinamismo que aúna lo artístico con lo funcional, se revela como pieza clave en la generación de nuevos procesos, productos y, sobre todo, servicios.

Y aún veremos más. Hoy día se repite el mantra del design thinking en muchas empresas, pero lo que en la mayoría de los casos significa este término es simplemente una metodología empaquetada que, a través de pasos guiados y con muchos post-its, intenta arrancar procesos de ideación en los miembros de un equipo, a veces con más fortuna que otras. Aún queda mucho por hacer hasta que realmente esa expresión, design thinking, pueda traducirse literalmente y se consiga que más y más personas tengan mente de diseñador.  Porque los diseñadores no necesitan, nunca han necesitado, ni canvas ni post-its para alumbrar sus creaciones. Simplemente un lápiz y, por encima de todo, una manera de pensar abierta y diferente. Por eso la era del designed by no ha hecho más que empezar: la era del nuevo talento.

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com