Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Inspiración, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 31.01.2018

De todos los pensamientos que tenemos, los más desaconsejables son los que obstaculizan nuestro camino por la vida, porque nos infunden un estado de ánimo que nos impide avanzar y cumplir nuestros objetivos. En cierto sentido, estos pensamientos se parecen mucho a las estrellas ninja (o shuriken). Esas que, se lancen como se lancen, siempre acaban haciendo daño. He aquí una recopilación de algunos de ellos.

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Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 08.02.2017

Algunos de los primeros estudios sobre la inteligencia se centraron casi exclusivamente en un tipo de razonamiento lógico y abstracto que parecía poder aplicarse a la resolución de cualquier problema. A falta de mejor nombre, lo llamaron inteligencia general. Más adelante, la ciencia se dio cuenta de que había diversos tipos de inteligencia, y de tipos básicos como la verbal, la manipulativa o la matemática, se evolucionó hacia otros modelos en los que se contempla la inteligencia musical o la naturalista. Pero la asunción básica en cualquier modelo es que la inteligencia se demuestra a través de la actividad intencional. Y puede que eso no sea del todo cierto. 

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Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 07.12.2016

Nuestros pequeños dramas cotidianos arrancan en cosas aparentemente nimias, pero que nos sacan de quicio. Por ejemplo cuando ves con espanto que justo a la hora a la que tienes que llegar a esa reunión tan importante es cuando más tráfico hay. O cuando descubres con horror que los dioses del tiempo se han conjurado para hacer que caiga un chaparrón después de que hayas invertido tres horas en la peluquería. O cuando te están esperando desde hace tiempo para cenar y es justo el día en que aparcar es imposible.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 16.04.2015

Las personas indecisas deberían quizá tomar en consideración los estudios que se están haciendo sobre la racionalidad en el ser humano. Estamos acostumbrados, por ejemplo, a ver en las películas a personas que tienen que tomar decisiones haciendo interminables listas de pros y contras. Y muchos de nosotros hemos utilizado esa misma técnica para tomar nuestras propias decisiones. Puede que, sin embargo, sea mejor tirar esas listas y dejarnos guiar por nuestro instinto.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 25.03.2015

Todos aprendimos de pequeños que los seres humanos somos animales racionales. Es decir, que la fundamental diferencia que nos separa del resto de criaturas que pueblan el mundo es que nosotros pensamos y ellos no. Se deduce de esto que, como somos racionales, tomamos decisiones también racionales. Si embargo, la creciente investigación sobre este tema parece arrojar una conclusión distinta: no pensamos tan bien como parece.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 04.03.2015

Uno de los objetivos que han perseguido las técnicas espirituales desde el comienzo de los tiempos es el control voluntario de la conciencia, es decir, desarrollar la capacidad para proyectar en el lienzo de nuestro campo consciente aquello que es positivo para nosotros. Ese es el pilar básico de la meditación, y por eso, en esencia, se trata de un ejercicio de retorno al objetivo de la concentración – habitualmente la respiración – cada vez que surge una distracción.

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Ciencia y Management, Dirigentes, Jesus Alcoba / 13.01.2015

La cantidad de mensajes e imágenes que nos llegan a diario brindándonos ese tipo de felicidad hueca que se parece a una careta sobre el rostro o a una mueca dibujada en la cara es abrumadora. Es verdad que en tiempos difíciles hay que intentar sobreponerse y ser positivo, pero entre la auténtica mentalidad positiva y ese optimismo ñoño y hueco que nos circunda hay importantes diferencias.

Hay poco futuro en sonreír frente al espejo cada mañana afirmándonos -sin más- que todo saldrá bien, que las dificultades pasarán como pasan las nubes, o que hay que ser feliz y estar contento porque uno lo vale. El optimismo ñoño es ese tipo de felicidad artificial que sólo dura un segundo porque al segundo siguiente se ha olvidado ya. Se viste de frases poéticas supuestamente pronunciadas o escritas por algún prohombre, y se adorna con sobrecogedores y remotos paisajes captados al amanecer o al anochecer. El más extremo viene empaquetado con colores, lazos, diminutivos y una buena dosis de edulcorante encapsulado en metáforas de escaso valor literario. En este mundo contemporáneo de conferenciantes motivacionales, de estudios aparentemente científicos sobre la positividad, de coaching mal entendido y de, en el fondo, necesidad de pintar un futuro esperanzador, han proliferado desmesuradamente todo este tipo de mensajes de ánimo tan cándidos como vacíos. Por eso es bueno volver a reflexionar sobre qué es el optimismo en realidad, y por qué es importante en la vida de las personas.

El optimismo es una manera de ver la vida y se basa en lo que llamamos estilo explicativo, que es la manera en que buscamos las causas de lo que nos ocurre. Todos recordamos de nuestra época de estudiantes que cuando superábamos un examen decíamos que lo habíamos aprobado, pero cuando no era así decíamos que nos habían suspendido. Es decir, si el resultado era positivo era mérito nuestro, pero si era negativo era el profesor el artífice del desastre. Eso es un estilo explicativo.

La cuestión es que en el estilo explicativo pesimista las personas tienden a pensar que si les ha pasado algo malo es por una causa interna, estable, y global. Es decir, la causa de los acontecimientos negativos está en un déficit de su persona, que durará siempre y que afecta a todas las áreas de su vida. En el otro extremo están los optimistas, que piensan lo contrario, es decir, que lo malo que les ocurre obedece a causas que ellos pueden modificar.

Mucho más interesante es la consideración de los acontecimientos positivos, puesto que mientras los optimistas piensan que sus causas son permanentes, los pesimistas creen que son transitorias. De modo similar, los optimistas piensan que un éxito logrado en un área puede contribuir a triunfar también en otros, mientras que los pesimistas piensan lo contrario: si algo sale bien en un ámbito, eso es debido a factores específicos que de ningún modo se pueden aplicar a otras esferas.

La diferencia entre ambos estilos explicativos es significativa, y se resume en que los optimistas tienen la idea de que pueden actuar sobre el entorno para obtener los resultados que buscan. Cuando algo les sale mal reflexionan sobre qué es lo que ha podido pasar, y cuando creen encontrar la causa vuelven a intentarlo hasta que les sale bien. Y cuando esto ocurre, se felicitan por el éxito en lugar de atribuirlo a una coincidencia que no se repetirá, que es lo que haría un pesimista. Los optimistas poseen un tipo de mentalidad activa que implica reflexionar sobre lo que les ocurre, buscando sus causas y activando modificaciones en su comportamiento para lograr sus objetivos. Los optimistas no se rinden porque siempre piensan que hay algo que se puede hacer para conseguir el éxito, y cuando lo logran se felicitan y toman nota de lo que han hecho bien. Como se puede ver, este tipo de planteamiento está muy lejos del optimismo ñoño, ese que hace que las personas se pinten una sonrisa bobalicona en el rostro y cierren los ojos esperando a que pase la tormenta.

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 01.07.2014

En los dibujos animados antiguos a veces un personaje se ponía a pensar sobre algo dando vueltas por su habitación, y de tanto caminar acababa creando un surco en el suelo. Por extraño que parezca, algo parecido nos pasa a nosotros cuando rumiamos improductivamente nuestras preocupaciones: que acabamos creando conexiones en nuestra mente de las que luego es difícil librarse.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 24.06.2014

 

Desde hace tiempo sabemos que cuando el ser humano recuerda un episodio de su vida el funcionamiento del cerebro sigue un patrón bastante similar a cuando esa persona vivió realmente la situación. Por raro que parezca, da la sensación de que nuestras neuronas no parecen distinguir demasiado entre una vivencia y su recuerdo. Y uno de los aspectos más interesantes de este hecho tiene que ver con nuestra capacidad de autogestión emocional, en concreto con esas emociones que son como muertos vivientes.

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Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba / 04.04.2014

La investigación muestra que, en cuanto a la consideración que hacemos de nuestras capacidades, hay dos tipos básicos de creencias: en primer lugar, la llamada mentalidad fija, que es aquella en la que la persona piensa que sus capacidades son las que son, y que nada puede hacer para cambiarlas. En consecuencia con ello, estas personas tienden a no enfrentarse con lo que de antemano suponen que no van a poder hacer.

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