Cambio personal, Ciencia y Management, Huffington Post, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 18.04.2018

Es curioso que, cuando se quiere insinuar que alguien no está bien de la cabeza, se diga que le falta un tornillo. Si esto fuera así, ir por la vida con los tornillos flojos equivaldría a bordear la frontera de la cordura. Sin embargo, lo cierto es que las máquinas y las personas son muy diferentes, en algunos casos ciertamente opuestas. Y mientras que las máquinas, es verdad, necesitan tener todos sus engranajes bien apretados, es muy probable que con las personas sea más bien necesario lo contrario. Sobre todo, si se pretende que tengan ideas nuevas.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, El Economista, Inspiración, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 18.10.2017

Resulta abrumadora la cantidad de tinta que se ha vertido sobre la innovación. Comparativamente, se ha escrito mucho menos sobre la creatividad, una competencia que, sin embargo, es esencial para aquella. Aunque, realmente, el fenómeno sobre el que, inexplicablemente, apenas hay literatura, es la inspiración. Un hecho ciertamente sorprendente, porque vivimos en una época en la que todo el mundo parece necesitarla y buscarla.

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Cambio personal, Ciencia y Management, Dirigentes, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 29.03.2017

Es imposible no reconocer el embrujo que ejerce sobre nosotros lo nuevo, lo original. Las huellas de la fascinación por ese tipo de genio que es capaz de hacer lo que nadie espera se hunden más allá de donde la memoria de la humanidad alcanza. Sea en la literatura, en la exploración espacial o en los videojuegos, a las personas nos magnetiza lo nuevo, lo diferente, lo que se sale del guión. Y hoy eso es sinónimo de vender más y de vender mejor. La pregunta que surge entonces es cómo fomentar la aparición de nuevas ideas en una organización, si todos los esfuerzos se centran en seguir una estrategia predefinida. En plena fiebre de los post-its urge preguntarse cómo resolver esta inquietante paradoja.

Tal vez estemos ante un nuevo paradigma. Las mismas empresas que a finales del siglo pasado adoraban la filosofía del sagrado pensamiento estratégico, hoy enfrentan una realidad ineludible, y es que han de animar la ideación disruptiva. Hoy la agilidad de los procesos de manufactura y, sobre todo, la existencia de productos y servicios digitales, hacen que sea muy posible lanzar algo nuevo en un tiempo cada vez menor. En el fondo, lo único que ha hecho la cultura de la innovación es poner de manifiesto el hambre de lo original que siempre ha existido en el alma de las personas. Lo que antes ocurría era que no existía la capacidad de satisfacerlo. Por eso cualquier empresa, en cualquier sector, y sean quienes sean sus clientes, debe innovar. Aunque solo sea porque su competidor más directo sí lo hace.

Sin embargo, aquí aparece una contradicción difícil de resolver, y es que las organizaciones han alcanzado la excelencia fundamentalmente a base de crear entornos predecibles. De hecho, la capacidad de pronosticar la eficiencia y la eficacia de un proceso es precisamente uno de los atributos de la ya anciana cultura de la calidad. Es una verdad obvia que lo previsible y lo imprevisto responden a procesos mentales diferentes, tanto que son opuestos. Así que la pregunta es cómo vamos a hacer para que a los profesionales dentro de una organización se les ocurran ideas divergentes, si están invirtiendo el total de sus jornadas en ejecutar la estrategia con la mínima desviación posible. Muchos de estos profesionales se enfrentan hoy ante un post-it vacío en una sesión de design-thinking con la clara y frustrante sensación de que ni les contrataron para tener ideas, ni saben cómo hacerlo.

Antes esta paradoja se resolvía de una manera muy simple, porque la creatividad estaba confinada a los departamentos de marketing. Es decir, se permitía que unos pocos miembros de la organización, recluidos en un departamento con reglas diferentes, se soltaran la melena y dibujaran planteamientos nuevos. Pero ese permiso estaba escrito en sus funciones, y así quedaba claro que el resto de la organización no debía verse contaminado por el virus de la originalidad.

Pero hoy esto no es posible, porque nunca se sabe dónde van a surgir las buenas ideas. Así que vamos a tener que empezar a pensar seriamente en sacar a pasear al viejo y trasnochado inconformismo, ese que nos hemos pasado décadas intentando arrinconar y debilitar, para que nos ayude a rellenar nuestros post-its. Y, más allá de eso, tendremos que enseñar a la sagrada estrategia a dialogar con él.

 

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Cambio personal, Ciencia y Management, El Economista, Jesus Alcoba, Psicología del éxito, Ultraconciencia / 22.02.2017

En casi todas las ciudades, más grandes o más pequeñas, hemos acabado incorporando a nuestra vida cotidiana la idea de que el camino más corto entre dos puntos es utilizar un medio de transporte. Y ya casi nunca vamos caminando a ningún sitio. Lo que ha ocurrido a continuación es que, al haber dejado de caminar como medio de cubrir la distancia entre dos lugares, hemos casi abandonado también la costumbre de caminar para cualquier otra cosa. Y con ello, hemos dejado de percibir los beneficios que tiene. Y no son solo físicos. 

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