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El Blog de Jesús Alcoba El Blog de Jesús Alcoba

Saber estar (2/5): la importancia de mantener el rol profesional

Escrito a las 6:00 am

Una de las dimensiones importantes de esa competencia que podría llamarse saber estar es la de adoptar de manera constante el rol profesional que se desempeña en la empresa. Una mal entendida cultura del “ser uno mismo”, o un entrenamiento profesional superficial, lleva a muchos profesionales a dejarse llevar por sus pensamientos y emociones conduciéndose exactamente como lo harían en su vida personal. Es más que evidente que la autenticidad es una aspiración natural en cualquier relación, profesional o no. Sin embargo, de la autenticidad al abandono del rol hay una larga distancia.

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Saber estar (1/5): una competencia esencial

Escrito a las 6:00 am

Aunque suene exagerado, los conocimientos técnicos se han convertido prácticamente en commodities. Es decir, hoy día son mercancías casi indiferenciadas. El mercado compra y vende todos los días servicios de ingeniería, abogacía, medicina o finanzas. En parte por la afortunada popularización del conocimiento, salvo un grupo muy reducido de profesionales altísimamente especializados, cada vez más la excelencia en el puesto de trabajo no deriva del conocimiento técnico, sino de las habilidades transversales.

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Estrategia, inconformismo y cultura del post-it

Escrito a las 6:00 am

Es imposible no reconocer el embrujo que ejerce sobre nosotros lo nuevo, lo original. Las huellas de la fascinación por ese tipo de genio que es capaz de hacer lo que nadie espera se hunden más allá de donde la memoria de la humanidad alcanza. Sea en la literatura, en la exploración espacial o en los videojuegos, a las personas nos magnetiza lo nuevo, lo diferente, lo que se sale del guión. Y hoy eso es sinónimo de vender más y de vender mejor. La pregunta que surge entonces es cómo fomentar la aparición de nuevas ideas en una organización, si todos los esfuerzos se centran en seguir una estrategia predefinida. En plena fiebre de los post-its urge preguntarse cómo resolver esta inquietante paradoja.

Tal vez estemos ante un nuevo paradigma. Las mismas empresas que a finales del siglo pasado adoraban la filosofía del sagrado pensamiento estratégico, hoy enfrentan una realidad ineludible, y es que han de animar la ideación disruptiva. Hoy la agilidad de los procesos de manufactura y, sobre todo, la existencia de productos y servicios digitales, hacen que sea muy posible lanzar algo nuevo en un tiempo cada vez menor. En el fondo, lo único que ha hecho la cultura de la innovación es poner de manifiesto el hambre de lo original que siempre ha existido en el alma de las personas. Lo que antes ocurría era que no existía la capacidad de satisfacerlo. Por eso cualquier empresa, en cualquier sector, y sean quienes sean sus clientes, debe innovar. Aunque solo sea porque su competidor más directo sí lo hace.

Sin embargo, aquí aparece una contradicción difícil de resolver, y es que las organizaciones han alcanzado la excelencia fundamentalmente a base de crear entornos predecibles. De hecho, la capacidad de pronosticar la eficiencia y la eficacia de un proceso es precisamente uno de los atributos de la ya anciana cultura de la calidad. Es una verdad obvia que lo previsible y lo imprevisto responden a procesos mentales diferentes, tanto que son opuestos. Así que la pregunta es cómo vamos a hacer para que a los profesionales dentro de una organización se les ocurran ideas divergentes, si están invirtiendo el total de sus jornadas en ejecutar la estrategia con la mínima desviación posible. Muchos de estos profesionales se enfrentan hoy ante un post-it vacío en una sesión de design-thinking con la clara y frustrante sensación de que ni les contrataron para tener ideas, ni saben cómo hacerlo.

Antes esta paradoja se resolvía de una manera muy simple, porque la creatividad estaba confinada a los departamentos de marketing. Es decir, se permitía que unos pocos miembros de la organización, recluidos en un departamento con reglas diferentes, se soltaran la melena y dibujaran planteamientos nuevos. Pero ese permiso estaba escrito en sus funciones, y así quedaba claro que el resto de la organización no debía verse contaminado por el virus de la originalidad.

Pero hoy esto no es posible, porque nunca se sabe dónde van a surgir las buenas ideas. Así que vamos a tener que empezar a pensar seriamente en sacar a pasear al viejo y trasnochado inconformismo, ese que nos hemos pasado décadas intentando arrinconar y debilitar, para que nos ayude a rellenar nuestros post-its. Y, más allá de eso, tendremos que enseñar a la sagrada estrategia a dialogar con él.

 

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Bs y abz: ¿por qué nos despedimos así?

Escrito a las 6:00 am

Un buen día pasamos de las cartas a los emails, y de ahí a la mensajería instantánea. Y de los días de espera para obtener una respuesta pasamos a las horas, y luego a los minutos o segundos. Y en ese preciso momento nuestra vida entró en un espacio de diálogo constante, donde no se abre una conversación ni se cierra, sino que siempre se mantiene abierta. En ese flujo dialógico ininterrumpido dejaron de tener sentido las fórmulas de apertura y cierre de las antiguas cartas. O casi.

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¿Qué dices antes de decir ‘hola’? Sugerencias para gustar

Escrito a las 6:00 am

A comienzos de los setenta el brillante Eric Berne publicó ¿Qué dice usted después de decir hola?, un libro ya clásico en el que explicaba la importancia de los guiones vitales. En él decía que esa sencilla pregunta encerraba todas las cuestiones esenciales de la vida humana, quizá como una manera de poner en valor la gran importancia que tiene en nuestra vida la forma en la que conducimos nuestras relaciones sociales.

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Los que no se enteran

Escrito a las 6:00 am

Asistimos atónitos a la cantidad de instituciones y empresas que todavía no se han enterado, o no han asumido, que las reglas del juego entre las organizaciones y los consumidores han cambiado. Encontramos administraciones que insisten en que el ciudadano es perverso porque rechaza la burocracia, instituciones educativas que repiten que el alumno es malo porque no valora lo que dicen sus profesores, y médicos que desaprueban al paciente porque tiene malos hábitos, porque no se toma las pastillas o porque no ha traído el volante. Aunque quizá menos, muchas empresas muestran aún la misma trasnochada mentalidad.

La globalización, la digitalización y la crisis económica han creado un nuevo contexto del que surge un consumidor informado, conectado y activo que comienza a tener un enorme poder. A menudo los clientes tienen más información del producto que van a adquirir que quien se lo está vendiendo, se dan cuenta perfectamente cuándo una oferta es engañosa, y juegan sus cartas en las redes sociales para salirse con la suya y obtener lo que quieren.

Hoy día la línea que une a las marcas con sus clientes ya no es unidireccional, sino que tiene lugar un balance entre ambas del que se espera que surja la creación de valor. En consecuencia, éste no es simplemente creado por las empresas y consumido por los clientes, sino que aquellas elaboran una propuesta que puede ser aceptada, rechazada o simplemente ignorada por el consumidor, que es quien decide. Cada vez es más cierto que el cliente siempre, siempre, tiene la razón.
Y el cliente de hoy quiere ver cómo puede integrar en su biografía las propuestas de valor que le llegan, buscando siempre lo interesante, lo emocionante, lo fascinante. Quiere historias que poder contar, vivencias con las que completar su vida y, por encima de todo, quiere vivir experiencias memorables.

Y mientras que esta es la tendencia generalizada, en el otro extremo están las organizaciones que no se enteran, las que piensan que pueden seguir dictando las normas, creando necesidades, utilizando normativas incomprensibles e innecesarias, o tácticas de ese tipo de marketing pasado de moda que ya no convence a nadie. En muchos casos el cliente parece ser simplemente un estorbo que hay que apartar para llegar al dinero, que es lo que de verdad importa, y por supuesto lo que hay que intentar conseguir sin contemplaciones. Tarde o temprano, los que no se enteran acabarán enterándose, o bien acabarán fuera del mercado, preguntándose qué fue lo que ocurrió.

 

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Elogio de lo inútil (4/4): el silencio para conectar con nuestro diálogo interno

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Uno de los estudios más sorprendentes e inquietantes que se han hecho últimamente mostró que muchas personas no disfrutan estando a solas con sus pensamientos. Es más, en muchos casos los participantes en el estudio preferían que les suministraran descargas eléctricas a permanecer un rato a solas. Es como si ese turbador fenómeno que ya conocemos con el nombre de infoxicación, infopolución o infobesidad, tuviera alimentada nuestra mente constantemente, y al interrumpirse el flujo de contenidos sufriéramos una suerte de síndrome de abstinencia. 

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Elogio de lo inútil (3/4): pasear para tener ideas

Escrito a las 6:00 am

En casi todas las ciudades, más grandes o más pequeñas, hemos acabado incorporando a nuestra vida cotidiana la idea de que el camino más corto entre dos puntos es utilizar un medio de transporte. Y ya casi nunca vamos caminando a ningún sitio. Lo que ha ocurrido a continuación es que, al haber dejado de caminar como medio de cubrir la distancia entre dos lugares, hemos casi abandonado también la costumbre de caminar para cualquier otra cosa. Y con ello, hemos dejado de percibir los beneficios que tiene. Y no son solo físicos. 

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Las tres cosas que Maquiavelo no dijo sobre la política de oficina

Escrito a las 6:00 am

Hace aproximadamente 500 años un florentino apellidado Maquiavelo escribió El Príncipe, uno de sus tratados más célebres. Tal vez porque en ese texto nos dejó perlas como que a los hombres “hay que ganarlos con beneficios o destruirles”, o que hay que saber “entrar en el mal si es necesario”, apareció el adjetivo maquiavélico para referirnos a aquellas personas que actúan con intriga y engaño para conseguir sus fines.

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Elogio de lo inútil (2/4): soñar despiertos para ser más productivos

Escrito a las 6:00 am

Algunos de los primeros estudios sobre la inteligencia se centraron casi exclusivamente en un tipo de razonamiento lógico y abstracto que parecía poder aplicarse a la resolución de cualquier problema. A falta de mejor nombre, lo llamaron inteligencia general. Más adelante, la ciencia se dio cuenta de que había diversos tipos de inteligencia, y de tipos básicos como la verbal, la manipulativa o la matemática, se evolucionó hacia otros modelos en los que se contempla la inteligencia musical o la naturalista. Pero la asunción básica en cualquier modelo es que la inteligencia se demuestra a través de la actividad intencional. Y puede que eso no sea del todo cierto. 

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