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El Blog de Jesús Alcoba El Blog de Jesús Alcoba

Escapando de los zombies: cuatro estrategias para aumentar tu productividad

Escrito a las 6:00 am

Los zombies son cuerpos sin alma que vagan por el mundo esperando encontrarte, morderte y convertirte en uno de ellos. No atienden a razones, son sumamente persistentes y te sorprenden a la vuelta de cualquier esquina, cuando menos te lo esperas. Pese a que los zombies son criaturas de ficción, por algún motivo hay algo en ellos que nos aterra.

La razón de ese temor ancestral está, posiblemente, en el miedo que tenemos a perder nuestra voluntad, a que nuestra vida tal y como la conocemos desaparezca, y a que nos veamos en la obligación de arrastrar nuestros pies eternamente buscando algún otro incauto vivo y sano del cual alimentarnos. Una existencia acaso peor que la muerte.

Siempre me ha sorprendido lo parecidos que son los zombies a las distracciones que absorben nuestra productividad. Piensa en tu propio caso: ¿cuántas veces al día te das cuenta de que estás atendiendo a algo que no te aporta nada? A veces nos sorprendemos a nosotros mismos vagando por internet leyendo cosas que no tienen ningún interés, y sin embargo no podemos dejar de hacerlo. Otras veces nos encontramos viendo anuncios de televisión que hemos visto ya docenas de veces, y que además anuncian productos que jamás compraremos. O navegando por las redes sociales leyendo historias sobre la vida de otras personas que, en el fondo, no contribuyen absolutamente nada al logro de nuestros objetivos.

De la misma manera que los zombies, las distracciones no atienden a razones, son sumamente persistentes y nos las encontramos a cada paso. Y también, como los zombies, tienen el poder de anular nuestra voluntad y de convertirnos en peleles, apartándonos de nuestras metas.

Uno de los motivos por los cuales hay personas que son mucho más productivas que otras es porque han aprendido a escapar de los zombies, es decir, a eliminar las distracciones de su vida y a centrarse en lo que realmente importa. Esas personas tienen competencias y habilidades de las que todos podemos aprender. He aquí algunas que pueden resultarte útiles:

  • Observa a menudo lo que estás haciendo o en lo que estás pensando, y reflexiona sobre si te es útil. Evidentemente, no se trata de estar constantemente trabajando, porque también el reposo es necesario, pero a veces ni trabajamos ni descansamos, sino que simplemente estamos distraídos en asuntos que no contribuyen en nada a nuestros objetivos. Si te sorprendes en una de esas situaciones, desecha cuanto antes lo que estés haciendo o pensando y focalízate en algo que verdaderamente te aporte.
  • No subestimes a tu enemigo. Muchas personas están afectadas por el virus de la procrastinación, que es esa impertinente tendencia a dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Si es eso lo que te pasa, acepta que es un problema como cualquier otro y lucha con él. Muchos problemas de nuestra vida cotidiana vienen de subestimar a nuestros enemigos, y la procrastinación es uno de ellos. No te dejes ganar.
  • Elimina distracciones. Cada vez hay más personas que recurren a esta estrategia. Apaga el móvil o quita la vibración cuando esté en silencio. Desconecta el acceso a internet si es que no lo necesitas, apaga la tele o busca una estancia donde nadie te distraiga. Lucha por tu recogimiento y concentración.
  • Ejercita tu fuerza de voluntad. Tengas que hacer lo que tengas que hacer, en el último momento solo estaréis tú y el zombie de la distracción, como dos boxeadores en un ring. Si tú no ganas, ganará él. Puedes hacerte muchos planteamientos y dar vueltas y revueltas en círculo poniendo excusas y contra-excusas, pero al final, lo que diferencia a las personas productivas de las que no lo son es que las primeras, simple y llanamente, se ponen a hacer lo que tienen que hacer en un sencillo pero sublime acto de fuerza de voluntad.

En definitiva: lucha por una vida libre de esos peligrosos zombies que, en forma de distracciones, te apartan de lo que esperas lograr en la vida.

Originalmente publicado en El Huffington Post

¿Máquinas o personas?

Escrito a las 6:00 am

Aunque pueda parecer un disparate, hay quienes parecen valorar más a las máquinas que a las personas. Es un hecho sorprendente cómo hay quien se fascina por la nueva pirueta, en general pueril, que es capaz de hacer el último gadget, sin reparar en que los seres humanos somos siempre criaturas mucho más fascinantes. Esas mismas personas, quizá, son quienes también se empeñan en mecanizar el mundo de las organizaciones, acaso como un intento de controlarlo, o al menos de mitigar la ansiedad que, acaso, les produce la incertidumbre del comportamiento humano.

El fenómeno de la industrialización y el enfoque de profesionales con visión miope trajo como resultado que comenzáramos a utilizar ciertos términos que equiparaban al ser humano con el resto de objetos y fenómenos que habitan las organizaciones. El primero en ser mencionado debe ser sin duda ese que nos habla de los “recursos” humanos, como si las personas pudieran gestionarse al igual que los recursos materiales, tecnológicos o financieros. Los objetos son objetos, la tecnología es tecnología, y el dinero es dinero. Y no se parecen en nada a las personas. Ninguno de ellos. En nada.

También se habla de “cadenas” de valor, como si realmente la producción de algo valioso para el cliente pudiera igualarse en todos los sectores al funcionamiento de una planta embotelladora, de “ingeniería” organizacional, igualando así las fuerzas y dinámicas humanas a las del resto de los materiales o fenómenos y, al referirse a intervenciones destinadas a que los profesionales evolucionen, algunos enfoques del desarrollo humano en las organizaciones hablan de “herramientas”. No deja de ser llamativo porque, en general, las herramientas, debido a su simplicidad y al alto grado de adaptación al dispositivo donde se aplican, funcionan siempre. Sin embargo, las técnicas y procedimientos de desarrollo personal no son sino sugerencias, pistas y aproximaciones. Y por supuesto no funcionan siempre. Porque las personas se parecen poco a los tornillos, a las tuercas y a los engranajes.

Estas concepciones mecanicistas de las personas y de las empresas seguramente tranquilizan a los que las usan, quienes posiblemente imaginan en sus mentes engranajes, conductos, circuitos o conexiones que dibujan entornos organizacionales asépticos, limpios y perfectos. Sin embargo, como todo el mundo debiera ya saber, esos enfoques reduccionistas propugnados por personas que pretenden el disparate de reducir a los seres humanos a esas máquinas que quizá tanto admiran, no son sino visiones limitadas de la complejidad y grandeza del ser humano, que siempre será más inteligente que cualquier máquina y más impredecible que cualquier resorte. Afortunadamente.

Tras años de ingeniería organizacional, de reingeniería de procesos y de hablar de cadenas de valor y de herramientas de desarrollo personal, un conflicto familiar sigue pudiendo arruinar la semana de un directivo, de la misma manera que una mala noticia recibida por un comercial en un mal momento puede hacer que acabe enfadando a un cliente, perdiéndolo para siempre.

Quienes no puedan aceptar que trabajar con personas es lo más difícil que existe, que las personas deben ser la primera y la última preocupación de cualquier directivo y, por tanto, el motivo por el que todo funciona o falla, quienes insistan en hablar de engranajes dentro de las organizaciones que son ciertamente inexistentes y quienes, en definitiva, pretendan controlar la complejidad humana a base de concepciones mecanicistas de la realidad están, con toda probabilidad, abocados al fracaso en la gestión de sus equipos y objetivos y, quizá peor, a desconocer el motivo de su fracaso.

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Cuatro ideas sobre el miedo: #2 Miedos infundados

Escrito a las 6:00 am

Plazos de entrega, desviaciones en el presupuesto, reuniones conflictivas y un sinfín de realidades cotidianas en la arena organizacional hacen a muchos profesionales pasar del estrés o la ansiedad al miedo. Y, en general, ese miedo toma la forma de un vago vaticinio sobre las consecuencias fatales de una situación en concreto al que, en el fondo, subyace el pánico a la pérdida de apoyo, recursos o status.

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Lo que la historia de una modelo renacentista puede enseñarte sobre el fracaso

Escrito a las 6:00 am

Quizá no te suene, pero tal vez nunca en la historia de la humanidad ha habido una modelo más hermosa que una joven del Renacimiento llamada Simonetta Vespucci. Era considerada la reina de la belleza y, además de en otras obras, fue inmortalizada por Botticelli en El Nacimiento de Venus, dejando más que patente su hermosura.

Como toda mujer atractiva, Simonetta levantaba pasiones por donde pasaba, entre ellas las de Americo Vespucci, quien seguramente bebía los vientos por ella. Sin embargo, la bella Simonetta estaba enamorada de Marco Vespucci, primo de Americo, con quien finalmente contraería matrimonio.

Parece ser que al pobre Americo, desdichado y despechado como probablemente estaba, no le quedó otro remedio que precipitar una huida hacia adelante embarcándose hacia el confín del mundo en aquellas expediciones que recorrían con asombro el nuevo territorio que Cristóbal Colón había descubierto. Lo que no es leyenda sino realidad es que América se llama así en su honor.

Asunto curioso este porque, si la bella Simonetta no le hubiera plantado, ni hubiera vivido formidables aventuras, ni mucho menos la historia le hubiera reconocido nada menos que bautizando con su nombre a un continente entero. Que se sepa, nadie le preguntó a Americo Vespucci cómo le sentaron las calabazas de la joven modelo, pero resulta sugerente especular cómo fue el asunto, para extraer algunas ideas sobre cómo enfrentar el fracaso. Estos principios pueden resultarte útiles la próxima vez que tengas que enfrentarte con una situación difícil:

1. Americo Vespucci asimiló con rapidez el impacto que, sobre su existencia, tendría aquel fracaso. Primer principio: aceptar que las crisis dejan sentir su efecto sobre nuestra vida. Pretender que todo siga igual cuando las circunstancias han cambiado de modo significativo es pedir un imposible.

2. No se entregó a un llanto desconsolado, ni posiblemente se entretuvo en muchos porqués, sino que pasó a la acción alterando las circunstancias para provocar un cambio. Segundo principio: no adoptar un rol de víctima ni darle demasiadas vueltas al asunto. Quienes dramatizan en exceso, se quejan recurrentemente y culpan al mundo de todas sus desgracias están, quizá sin darse cuenta, adoptando un rol que no les ayuda en nada.

3. Se focalizó en el futuro. Americo pasó a la acción. Se enroló en un barco apostando por un mejor porvenir, construyendo así una vía de salida para su situación. Tercer y último principio: ponerse en marcha y pensar que la vida que aguarda tras un fracaso no tiene por qué ser peor que la anterior.

Un desengaño amoroso provocado nada menos que por la mujer más bella del mundo seguramente tiene suficiente potencial para enajenar a cualquiera. Sin embargo, la lección más importante que nos dejó Américo Vespucci es tan simple como poderosa: con la actitud adecuada, incluso detrás del más grande de los fracasos puede estar esperándonos el emocionante descubrimiento de un continente entero.

Originalmente publicado en El Huffington Post

Cuatro ideas sobre el miedo: #1 Por qué no es bueno ponerse en lo peor

Escrito a las 6:00 am

Una de las estrategias desafortunadamente más extendidas para luchar contra el miedo, tanto en el terreno profesional como en el personal, consiste en ponerse en lo peor. Hay personas que, en su época de estudiantes, cuando veían que se aproximaba un examen difícil, intentaban acomodarse a la idea de que lo suspenderían. Así, decían, si al final aprobaban, se llevarían una alegría. Mala idea.

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Storytelling para trasladar valores de marca

Escrito a las 6:00 am

Los relatos ejercen un poderoso influjo. A diario una larga serie de historias de todo tipo nos van dejando su huella: las que vemos en el cine y la televisión, las que leemos en las novelas, las que nos cuentan nuestros amigos y las que nos contamos a nosotros mismos. Los relatos influyen a las personas desde tiempo inmemorial, y es por eso que la mejor manera de hacer que una marca haga llegar su mensaje al cliente es a través de una buena historia. 

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Storytelling para crear experiencias

Escrito a las 6:00 am

Los seres humanos poseemos una identidad que es esencialmente narrativa. Como hubiera dicho Oliver Sacks, la narración interna que para cada uno relata su biografía conforma su identidad. Así pues, cuando vivimos experiencias, desarrollamos sobre ellas narraciones internas que nos definen. Y aquí se encuentra una de las vertientes más interesantes del storytelling.

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Dos motivos para usar storytelling en la empresa

Escrito a las 6:00 am

Hoy, que tanto se habla de storytelling en la empresa, es conveniente recordar en qué consiste y por qué es importante. Desde tiempos inmemoriales han existido cuentos, parábolas, epopeyas, fábulas, novelas y un sinfín de géneros literarios a través de los cuales el ser humano ha aprendido a manejar la realidad narrativamente, mucho antes de hacerlo científicamente. Pues bien, ese arte se ha constituido en tendencia en la arena empresarial por dos motivos fundamentales.

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El ocaso de los superhéroes

Escrito a las 6:00 am

Los seres humanos aprendemos, entre otros métodos, porque observamos e imitamos a personas a las que queremos o admiramos. Nos identificamos con ellas buscando llegar a donde han llegado para compartir sus éxitos. Ese es el proceso por el que aprendemos muchas cosas de nuestros padres, el mismo por el que los adolescentes copian el estilismo de los famosos que les fascinan. El problema es que, con el ocaso de los superhéroes, cada vez hay menos ídolos a los que querer parecerse.

Los géneros como la épica y la epopeya han cantado, desde tiempos inmemoriales, las hazañas y gestas de héroes que representaban los valores que las distintas sociedades han ensalzado y admirado. Los primeros superhéroes, con Superman al frente, mostraban a auténticos superhombres que combatían a siniestros y perversos villanos. Su comportamiento era siempre íntegro y sus ideales siempre nobles.

Sin embargo, poco a poco, el prototipo de superhéroe ha ido cambiando para mostrar un amplio espectro de debilidades que los hacen más humanos y, precisamente por ello, menos deseables como modelo. Batman, por ejemplo, vive obsesionado por los murciélagos y la oscuridad, sin poder superar la muerte de sus padres, incapaz de conectar con la gente y de mantener relaciones duraderas. Spiderman, por su parte, es víctima de un severo complejo de inferioridad, sufre importantes dudas sobre su identidad y es también incapaz de relacionarse de manera natural con el resto del mundo, salvo con su tía May. Lobezno está aquejado de personalidad antisocial y posiblemente también de trastorno por estrés postraumático, Hulk sufre trastorno de identidad disociativo y así sucesivamente.

En ese proceso de acercamiento de los modelos simbólicos se ha ido acompañando también de películas y series de televisión que muestran cada vez a personajes más cotidianos, con problemas más pequeños y mundanos, para superar los cuales muchas veces no hace falta ni gran preparación ni gran esfuerzo. En el último peldaño, las peores ediciones de los reality shows muestran en ocasiones a personajes sin oficio ni beneficio, cuyo único mérito es haber sido seleccionados para que en el programa haya suficiente grado de conflicto. Y así, imperceptible pero insidiosamente, al cabo de unas décadas hemos asistido a un completo ocaso de los superhéroes, a un momento en el cual las audiencias disponen de una gama significativamente menor de modelos a los que admirar y querer imitar.

La pregunta obvia es a quién queremos parecernos. Y a quién queremos que se parezcan nuestros hijos. Está claro que parecerse al Superman de la década de los cuarenta es un logro supremo que nunca nadie podría lograr, pero también lo es que cuanto más alto sea el objetivo que se fije una persona, más lejos llegará intentándolo.

Hace casi sesenta años Schlesinger se lamentaba de que la suya era una época sin héroes, en la que ya no existían personas de talla superlativa como Einstein o Gandhi. Decía que una sociedad difícilmente puede existir sin héroes, porque ellos son quienes más vívidamente muestran hasta dónde es capaz de llegar el ser humano, motivándonos a desarrollar nuestras más altas potencialidades. Es probable que esa tendencia haya continuado hasta nuestros días, existiendo hoy menos superhéroes, pero quizá también menos héroes a los que querer parecerse.

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

 

7 cualidades de los equipos excelentes: #7 disfrutan

Escrito a las 6:00 am

Si a cualquier persona le preguntaran en qué equipo a lo largo de su vida se ha sentido más a gusto, seguramente la mayoría de las respuestas tendrían que ver con grupos deportivos o con pandillas de amigos, muchos de ellos vividos durante la infancia o la adolescencia. Es un misterio el hecho de que en los equipos de trabajo disfrutemos tan poco. Sin embargo, la vertiente lúdica es uno de los aspectos cruciales que hacen a los equipos excelentes. 

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