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El Blog de Jesús Alcoba El Blog de Jesús Alcoba

Motivación antártica en vena: las cinco mejores frases de Shackleton

Escrito a las 6:00 am

El 30 de agosto de 2016 se cumplieron cien años desde que Ernest Shackleton, el más legendario explorador polar de todos los tiempos, rescatara al fin a sus hombres en la remota isla Elefante. Un momento extraordinario para recordar sus mejores frases, que constituyen un completo ideario de motivación para recordar cuando todo lo demás falla.

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Cuatro ideas sobre la escucha: 4# La potencia de la escucha activa

Escrito a las 6:00 am

Dialogamos para descubrir mayores verdades, para escuchar el remoto eco de desconocidas revelaciones y para clarificar nuestro propio pensamiento. El mundo del conocimiento es el universo más extenso que existe, entre otras cosas porque las estrellas y los planetas que lo habitan son diferentes para cada persona. Y la mejor ayuda de la que se puede dotar el transeúnte de ese espacio es la escucha activa.   

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Frases geniales y contenido enlatado

Escrito a las 6:00 am

Es sorprendente la cantidad de frases rotundas que últimamente aparecen en las redes sociales y que se atribuyen a Einstein. Tantas que da la impresión, seguramente falsa, de que una de estas dos cosas es cierta: o bien hay un alto porcentaje de la población que ha leído sus obras, o bien el sabio dedicó una gran parte de su vida a escribir frases geniales.

Se desconoce a ciencia cierta cómo le hubiera gustado ser recordado, pero casi seguro que no como una fuente de conocimiento enlatado que, junto a su fotografía, con la lengua fuera o no, sirviera de decoración fugaz que apenas durase un minuto en la vida de los consumidores de la era de los smartphones.

Al menos, mal de muchos, comparte destino con otro de los damnificados por esta tendencia a poner en boca de los líderes de pensamiento frases estupendas para que resulten más convincentes, que es Steve Jobs. Si uno u otro hubieran escrito todas las frases célebres que se les atribuyen, quizá ni el primero hubiera descubierto la Teoría de la Relatividad, ni el segundo hubiera lanzado el iPhone, porque no les hubiera dado tiempo.

El contenido en snack es el signo de los tiempos de una época en la cual todo es tan repentino y efímero que no da ni tiempo a citar cuál es la fuente de una determinada frase. Es más, a menudo la fuente no importa o es de solvencia dudosa. La velocidad a la que vuelan las ideas frente a nuestros ojos es creciente, y es inversamente proporcional a nuestra capacidad crítica. Hoy casi nadie pone en duda que una frase que aparece en Twitter sea de Einstein o de Jobs, de la misma manera que hay quien sigue pensando, ante la frustración de los psicólogos, que solo usamos un diez por ciento de nuestro cerebro o, ante la impotencia de muchos médicos, que es cierto el mito de que hay que beber dos litros de agua al día. Nada menos.

El juicio crítico, esa capacidad que junto con la creatividad es la única que no podrá jamás ser imitada por las máquinas, y de la que, también junto con la creatividad, dependen la evolución de la cultura y la sociedad, así como la riqueza de las regiones en el futuro próximo, está tambaleándose, víctima de la velocidad apresurada de los que dan más valor a consumir contenido que a meditar sobre él.

Einstein y Jobs fueron dos personas profundas. Cada una a su manera revolucionaron su mundo, y con ello revolucionaron el mundo. Abrazaron la complejidad y la dificultad, y de ese abrazo íntimo salieron algunas de las ideas más importantes que iluminan el firmamento de nuestro tiempo. Cuesta creer que su legado se convierta en un puñado de frases que, falsamente atribuidas a ellos o no, atraviesan veloces las redes sociales junto con anuncios de rebajas en los grandes almacenes, cupones de descuento o, peor aún, selfies que evidencian la supremacía del culto al narcisismo por encima de la lectura, la reflexión y el juicio crítico.

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Cuatro ideas sobre la escucha: 3# Elaborar la réplica en lugar de escuchar

Escrito a las 6:00 am

Quizá porque sentimos que si dudamos de nuestras ideas más profundas y arraigadas ponemos en peligro nuestra existencia, estamos acostumbrados a defender a capa y espada lo que creemos. En ocasiones estamos tan preocupados por demostrar que tenemos razón que nos dedicamos a elaborar la réplica a nuestro interlocutor en lugar de escuchar lo que nos tiene que decir, lo cual es una de las muestras más notorias de una limitada capacidad de escucha.

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Cuatro ideas sobre la escucha: #2 La contraproducente costumbre de interrumpir

Escrito a las 6:00 am

Desde la más remota y tierna infancia, cuando la madre llena con sus palabras las pausas que el bebé hace mientras se alimenta, el ser humano debería comenzar a aprender algo que está en la base de la comunicación humana, del diálogo productivo y hasta de la democracia, que es que una conversación es cosa de dos. Uno habla mientras el otro escucha, y luego al revés. Sin embargo, hay quien aún no ha adquirido la productiva costumbre de no interrumpir a quien habla.

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Dos enseñanzas sobre la autoestima tejidas en la historia de ‘I´m a believer’

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I´m a believer es una de esas canciones verdaderamente esenciales en nuestras vidas. Fue grabada y popularizada en 1966 por The Monkees y es uno de los pocos singles que ha vendido más de diez millones de copias físicas en toda la historia de la música. Su riff característico era interpretado por Michael Nesmith, y de la historia de su familia se pueden extraer dos importantes enseñanzas sobre la autoestima.

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Cuatro ideas sobre la escucha: #1 El poderoso atractivo de los que escuchan

Escrito a las 6:00 am

Por algún motivo en el fondo desconocido da la impresión de que el ser humano está más preparado, o más motivado, para hablar que para escuchar. Algo sorprendente, puesto que es una tendencia que ciertamente dificulta nuestras posibilidades de aprender. Es posible que se deba a que mucho de lo que decimos en el fondo nos lo decimos a nosotros mismos, y a que incluso a nosotros mismos nos cuesta aclararnos. Sea como sea, aquellos que escuchan se han convertido en una preciosa rareza dotada de un poderoso atractivo.

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El efecto emoji: por qué tienes cientos de emoticonos pero solo usas tres

Escrito a las 6:00 am

Es algo que nos pasa a todos, no te preocupes: tenemos 20 pares de zapatos pero solo usamos unos pocos, guardamos docenas de corbatas aunque siempre nos pongamos la misma y, aunque hay disponibles cientos de emoticonos, la mayoría de nuestros mensajes contienen los mismos.

Quizá recuerdes la historia viral de Dale Irby, un profesor de Texas que posó con la misma ropa para el anuario de su colegio durante 40 años seguidos. Con independencia de los motivos que le llevaron a hacerlo, lo cierto es que tomar decisiones es algo que nos cuesta.

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Presentaciones desafortunadas: la diapositiva de “muchas gracias”

Escrito a las 6:00 am

Al igual que el comienzo, el final es uno de los momentos más delicados de cualquier conferencia. Por motivos desconocidos, con el advenimiento de las presentaciones con diapositivas se instaló una costumbre, hoy ya desfasada pero impertinentemente arraigada, que es la de colocar al final de una charla una diapositiva donde se lee “muchas gracias”. 

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Ver lo que otros no ven

Escrito a las 6:00 am

La capacidad de ver lo que otros no ven es una cualidad tan escasa como necesaria, que sorprendentemente no aparece en ningún informe de competencias imprescindibles para el futuro. Es un hecho cierto que no sostenemos sino miradas parciales sobre la realidad, y que cada vez que miramos a nuestro alrededor teñimos todo de nuestros propios mapas conceptuales, de nuestra biografía y subjetividad. En lo que a menudo no reparamos es que algunas de esas subjetividades son las que hacen avanzar el mundo.

Es imposible ponernos de acuerdo siquiera sobre episodios históricos recientes o fenómenos socioeconómicos contemporáneos, porque en cada opinión hay más de nosotros mismos que de la realidad que pretendemos analizar. Por eso votamos a distintos programas políticos, decoramos nuestro espacio de trabajo de manera diferente y vestimos de manera distinta. Y por eso también existen los conflictos, porque cuando una de esas opiniones choca con otra que es diametralmente opuesta, y además hay una carga emocional implicada, aparece un abismo de desencuentro.

Es cierto que no hay una única verdad, y que cada uno no mantiene sino una mirada parcial y propia. Sin embargo, no todas esas miradas tienen exactamente la misma trascendencia. En algunos casos, los ojos del que mira conectan ideas o encuentran diamantes en bruto que otros simplemente no ven, por mucho que estén mirando en la dirección correcta. Al igual que la fotografía no se basa en la perfección tecnológica de una cámara, ni el diseño es fruto de la evolución de los microprocesadores, la creatividad y la innovación no son, de manera fundamental, el resultado de un proceso sistemático sino, sobre todo, de una manera de mirar.

Hay quien ha empujado sus barcos hacia la incertidumbre del horizonte persuadido de que más allá de lo que sus ojos podían ver había territorios por explorar, quien se ha empeñado en que un invento, suyo o ajeno, revolucionaría el mundo, y quien se ha desgastado durante años frente al microscopio buscando un virus, una bacteria, o una vacuna. Todos ellos han sido personas que miraban la realidad de modo alternativo y que veían lo que otros no vemos.

En un mundo caracterizado por la ubicuidad de los algoritmos de recomendación es crucial estimar si esos complejos cálculos que se realizan sobre las preferencias futuras de un consumidor no estarán generando una regresión al infinito que acabe por extinguir el pensamiento divergente. Es verdad que a cualquiera le agrada la oportunidad de saber más sobre lo que ya sabe, probar más de lo que le gusta y sentir más emociones con las que conecta. Sin embargo, el mundo en el que una persona vive, aún subjetivo, puede verse sensiblemente reducido si resbala constantemente por un embudo de recomendaciones sobre recomendaciones. En ese contexto no sería imposible que, con el tiempo, nadie viera ya lo que los demás no ven. Y eso sí que sería un problema de considerables proporciones.

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

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