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El Blog de Jesús Alcoba El Blog de Jesús Alcoba

Las 8 claves del éxito: #7 Mentalidad

Escrito a las 6:33 am

El ensayista checo Erich Heller escribió en una ocasión que había que tener cuidado con la forma en que interpretamos el mundo, porque es exactamente como lo interpretamos. Obviamente esto no quiere decir que tengamos la cualidad de leer la realidad de modo ecuánime, sino que el mundo, para cada uno de nosotros, es exactamente como cada uno lo ve, y no como es en realidad, si es que tal cosa existe. Y eso puede aplicarse igualmente a las personas que conocemos, a nuestra visión de nosotros mismos y, por supuesto, a los retos que nos planteamos.

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Las 8 claves del éxito: #6 Energía

Escrito a las 6:57 am

Como dijo Jim Loher, y pese a la extendida creencia que sostiene lo contrario, la gestión del tiempo en sí no conduce a nada. Porque dedicar simplemente tiempo a algo no hace que las cosas funcionen. Un padre puede estar en el partido que juega su hijo, pero si está pendiente del teléfono no sabrá lo que está pasando. De igual manera, un profesional puede estar en una reunión, pero si no está concentrado en ella no aportará nada. La clave del éxito no está, por tanto, en gestionar el tiempo, sino en gestionar la energía.

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Las 8 claves del éxito: #5 Constancia

Escrito a las 6:54 am

Si la fuerza de voluntad nos permite lograr nuestros objetivos diarios, la constancia es lo que nos facilita conseguir nuestros objetivos a largo plazo. Si incluso un genio de talento incuestionable como Leonardo da Vinci tardó años en completar La Gioconda, los demás deberíamos abandonar la idea del éxito instantáneo y pensar que cualquier objetivo importante requiere perseverancia. Sobre todo porque aunque existan explosiones instantáneas de creatividad, de la idea a la realización, y aún más al éxito, el camino es abrumadoramente largo.

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Las 8 claves del éxito: #4 Dureza

Escrito a las 7:43 am

Dijo Michael Phelps que cualquier cosa es posible si estamos dispuestos a realizar los sacrificios que implica. Lo que ocurre es que muchas personas creen profundamente en lo primero sin reparar en lo segundo. No podemos dejar pasar inadvertido el hecho de que la sociedad del bienestar debilita nuestra capacidad de tolerar situaciones incómodas. A pesar de ello, hay multitud de situaciones en el camino hacia nuestros objetivos en las que no podemos esperar que las cosas serán siempre sencillas.

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Las 8 claves del éxito: #3 Enfoque

Escrito a las 6:40 am

Por impactante que pueda parecer, se calcula que la lista de tareas a realizar de cualquier profesional en un momento dado es de ciento cincuenta, y que el número de impactos informativos diarios que recibe una persona en un país desarrollado es de en torno a diez mil. Con todo ello ocupando nuestra mente, no es extraño que la capacidad de estar enfocados en lo que realmente está alineado con nuestra misión personal sea un bien tan preciado y escaso.

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Las 8 claves del éxito: #2 Regeneración

Escrito a las 6:46 am

Bruce lee escribió: “créeme que en cada gran reto siempre hay obstáculos, grandes o pequeños, y la reacción que uno muestra ante esos obstáculos es lo que cuenta, no el obstáculo en sí. No existe la derrota hasta que tú la admitas”. Que la vida que vivimos es una sucesión de altibajos es tan cierto como que tiene un principio y un final. Por eso, pongamos la energía que pongamos en esquivar los golpes, al final llegarán. Por tanto lo mejor es estar preparados desarrollando nuestra capacidad de regeneración.

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Las 8 claves del éxito: #1 Rumbo

Escrito a las 6:51 am

Lo más importante en la navegación es saber a dónde queremos ir. Todo lo demás se ajusta en función de ese parámetro. Por simple que pueda parecer, a veces se nos olvida que ese mismo principio se cumple en la vida, tanto en la personal como en la profesional. Decía Gene Kranz, antiguo director de vuelo de la NASA, y el hombre que trajo de vuelta a los astronautas del Apolo 13, que lo malo no es no cumplir un objetivo, lo malo es no tenerlo.

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La auténtica esencia del éxito

Escrito a las 7:00 am

Aunque estemos acostumbrados a identificar la palabra éxito con el dinero, el poder o la fama, lo cierto es que según el diccionario lo que significa fundamentalmente es un resultado feliz. Desde esa óptica, el éxito es algo que persigue cualquier persona, porque a cualquiera le gustaría que sus planes tuvieran un final feliz. La búsqueda del éxito es por tanto una de las aspiraciones naturales del ser humano, y siempre merece la pena intentar averiguar cuales son sus claves.

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Desacuerdo dinámico y esencial

Escrito a las 6:41 am

En los grupos hay tantas opiniones como personas, a veces más. Dado que hoy ningún equipo puede sobrevivir sin apoyarse en la suma de sus miembros, una de las cuestiones más complejas de gestionar en la tarea de liderar es el desacuerdo. Sobre todo porque, debido a las dinámicas de tarea y afectividad, las cosas no siempre son lo que parecen.

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Sentirse responsable

Escrito a las 6:46 am

Conforme los procesos empresariales se hacen más complejos y la labor de los profesionales es más interdependiente, la actividad organizacional se hace más sistémica y los efectos de cada acción en particular se diluyen. Por otro lado, en el terreno personal, ha aparecido una tendencia creciente hacia protección de la autoestima. El resultado de todo ello es tan simple como perjudicial: cada vez es más fácil no sentirse responsable.

Es posiblemente una de las tendencias sociales más imperceptibles pero a largo plazo más potencialmente preocupantes: a veces parece que nadie tiene culpa de nada, que nadie es responsable de lo que ocurre y que las disculpas forman parte del vocabulario olvidado de otro siglo.

Es un fenómeno que se nota ya desde que los niños son pequeños. Una amplia y arraigada cultura de la hiperprotección ha hecho que en un número sustancial de casos no se responsabilice a los alumnos de sus resultados: a veces porque la maestra no les comprende, otras porque viven estresados con tanta obligación, y algunas más porque son o muy inteligentes o demasiado creativos para el entorno escolar. El caso es que es cada vez más frecuente que los niños vivan en una burbuja donde nada pueda dañar su autoestima.

Es una tendencia que también se percibe en el ámbito empresarial: si un pedido no llega siempre hay una larga serie de puntos de la distribución a los que culpar del retraso. Si la tecnología no funciona es porque hay un agente externo, ya sea el proveedor del servicio, el fluido eléctrico, o la calidad de los servidores, que exculpa al equipo responsable. Y si en un hotel la habitación está demasiado fría o caliente, es porque el climatizador es inteligente y se autorregula, no pudiendo hacerse nada para corregirlo. En el peor de los casos, la ocurrencia exculpatoria suprema es también el sinsentido mayor: las cosas salen mal por exceso de trabajo de sus responsables.

El fenómeno es de tal magnitud que a mayor escala hemos prácticamente renunciado a conocer a los responsables auténticos de algunas de las mayores calamidades que hemos sufrido. Las causas, las consecuencias, los intervinientes, los acontecimientos, son tantos y tan variados que es difícil saber en realidad qué es lo que ocurrió. Al menos eso es lo que estamos empezando a creer.

Qué poco frecuente es últimamente escuchar frases como “es culpa mía”, “me he equivocado”, “he cometido un error” y similares. La elusión de la responsabilidad se extiende como una pandemia, tanto que a veces resulta chocante que se siga usando la palabra “responsable” para designar a un nivel de la pirámide organizativa, puesto que algunos de ellos incluso delegan hacia arriba sus responsabilidades cuando sienten miedo, como nos recuerda la conocida teoría que compara a estas personas con los monos que suben a los árboles cuando hay peligro.

Asumir la responsabilidad sobre un fallo, pedir disculpas por ello e intentar reparar el daño que se ha causado, tres pasos básicos que denotan empatía con la persona agraviada y que deberían darse todas y cada una de las veces que ese daño se ha causado, han pasado a ser infrecuentes y en ocasiones solo reservados a profesionales altamente cualificados o a servicios excelentes.

Eludir nuestra responsabilidad es inconveniente, poco profesional y hasta antiestético. Pero, sobre todo, es una manera de no abandonar nuestra zona de confort y por tanto desaprovechar una oportunidad para aprender. Sentirse responsable, por el contrario, es ahondar en las debilidades de nuestro carácter y en las competencias que ?aún- no tenemos, redescubriendo así el largo y siempre apasionante camino del aprendizaje y el desarrollo. Para crecer hace falta reconocer nuestros errores y para ello es imprescindible sentirse responsable. Es la única manera.

Artículo originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

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