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El Blog de Jesús Alcoba El Blog de Jesús Alcoba

Lecciones de un viejo motero sobre el talento y su (nula) relación con la edad

Escrito a las 6:00 am

A comienzos de los años sesenta un motero neozelandés subió su arcaica Indian en un carguero y viajó por primera vez hasta Bonneville Salt Flats, en Utah. Lo extraordinario no es que lograra un récord de velocidad en aquel circuito haciendo que su moto literalmente volara a trescientos kilómetros por hora (cuando originalmente no pasaba de noventa). Lo verdaderamente increíble es que en aquel momento él tenía sesenta y ocho años. Se llamaba Burt Munro y nos legó varias importantes lecciones sobre el talento.

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El caso de la propuesta de matrimonio inoportuna: 5 ideas sobre la venta

Escrito a las 6:00 am

Escena de película: chico conoce a chica en un bar y, como le chifla, le cuenta en dos minutos su propuesta de valor. Quiere formar una familia con dos o tres hijos, tiene un trabajo con modestos ingresos aunque espera que le asciendan en breve, y sus padres son gente sana y buena. No fuma, no bebe, hace deporte y, entre sus aficiones, que espera compartir con ella, están la música indie y la cocina.

Al final de sus dos minutos le dice que, por todo lo antedicho, quiere casarse con ella. Evidentemente, chica escucha a chico completamente horrorizada y abandona el bar en apenas una fracción de segundo.

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Saber estar (5/5): construir una relación

Escrito a las 6:00 am

El mundo profesional y el mundo personal en realidad no están tan lejos. Fuera de unos pocos convencionalismos que tienen que ver con el atuendo, el vocabulario y algún ritual que otro, tanto a un lado como al otro de la frontera que separa ambas esferas lo único que hay son personas que viven vidas. Personas que tienen pensamientos y emociones y que se relacionan con otras. Y esas relaciones, en el fondo, siguen los mismos principios tanto en el ámbito profesional como en el personal. 

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Saber estar (4/5): presencia

Escrito a las 6:00 am

Puede parecer una verdad obvia, pero para saber estar primero hay que estar. Y la presencia, la manera que tenemos los seres humanos de situarnos frente a los demás, es una de las cualidades más frecuentemente ignoradas y sin embargo más interesantes de observar y desarrollar. Hay personas que siempre se nota que están, y en el otro extremo están quienes nadie nota que faltan. Por otro lado, no solo se trata de estar presentes, sino de que los demás nos perciban como queremos que nos perciban. Ninguna de ambas habilidades resulta fácil. 

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Saber estar (3/5): acción contextual

Escrito a las 6:00 am

De todas las habilidades que hay dentro de esa imprescindible competencia que es el saber estar una de las más relevantes, aunque también de las más complejas, es la que podríamos llamar “acción contextual”. Rodeando a cualquier tarea que implique a más de un profesional hay un contexto que es imprescindible analizar, entre otras cosas porque el criterio estrictamente técnico no es siempre el más importante. Aunque lo parezca.

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Personajes buscando micro-fama

Escrito a las 6:00 am

Como si el mundo se hubiera convertido en una descomunal sala de teatro, los seres humanos que lo habitamos nos estamos transformando en pequeños personajes que actúan constantemente frente a una audiencia, en general igualmente pequeña, buscando su ración de micro-fama. Y así, lenta pero imperceptiblemente, el culto a la actuación se está convirtiendo en una pauta de vida.

Vamos de vacaciones, cenamos en un restaurante, acudimos al cine, compramos un coche, cocinamos, corremos, y así sucesivamente. Pero no toda nuestra vida pasa a las redes sociales, sino únicamente lo que es susceptible de convertirse en una actuación interesante para nuestra pequeña audiencia. Solamente lo que nos puede dar ese reconocimiento sin el cual parece que ya no podemos vivir. Esas acciones, y solo esas, son seleccionadas, filtradas y ubicadas en nuestros perfiles. Más el hacer que el sentir o el pensar. Y, en muchas ocasiones, más el aparentar que el ser.

Y así, la vida realmente íntima se oculta, mientras hacemos públicas construcciones narrativas deliberadas que, en muchas ocasiones, se alejan sustantivamente de lo que realmente somos. Y así, creamos personajes que relatan lo que hacen, en un constante intento por mantener entretenida y fascinada a la audiencia. Buscamos la admiración ajena hacia ese pequeño personaje que hemos creado, a pesar de que la vida de quien se oculta detrás no sea siempre tan brillante ni tan emocionante como parece. La vida que en realidad vivimos siempre tiene luces y sombras, con un matrimonio acaso feliz pero con un mal jefe, con dificultades económicas pero con buenos amigos, o con suficiente tiempo libre pero con alguna enfermedad inquietante. Nuestra vida en las redes sociales, sin embargo, es una moneda que solo tiene una cara.

Antes la mayoría de las interacciones se llevaban a cabo con un grupo muy reducido de personas, y era un lugar común afirmar poseer muchos conocidos, pero pocos a quien realmente llamar amigos. Sin embargo hoy día, y pese a que casi todo el mundo conserva ese círculo íntimo, es habitual relacionarse con centenares de personas a las que las redes sociales llaman amigos, pero a las que, en muchos casos, incluso el calificativo de conocidos les quedaría grande. Sin embargo, hoy el énfasis está en este segundo grupo, porque ellos constituyen la audiencia. Ellos son los que pueden darnos esa micro-fama que buscamos.

Es más bien evidente que todo el tiempo que invertimos en crear y alimentar esos pequeños personajes antes lo dedicábamos a otras tareas. En lugar de buscar posicionarnos en el complejo mundo de las redes sociales nos dedicábamos quizá a charlar con nuestra familia o amigos, o tal vez a leer o a pasear.

En general, los actores saben que son actores, y son conscientes de la distancia entre si mismos y los personajes que interpretan. La gran pregunta es si, después de todo ese tiempo y esfuerzo, todos los que debutamos a diario en las redes sociales captamos esa misma diferencia, o si por el contrario hemos empezado a creernos nuestros propios personajes.

 

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Saber estar (2/5): la importancia de mantener el rol profesional

Escrito a las 6:00 am

Una de las dimensiones importantes de esa competencia que podría llamarse saber estar es la de adoptar de manera constante el rol profesional que se desempeña en la empresa. Una mal entendida cultura del “ser uno mismo”, o un entrenamiento profesional superficial, lleva a muchos profesionales a dejarse llevar por sus pensamientos y emociones conduciéndose exactamente como lo harían en su vida personal. Es más que evidente que la autenticidad es una aspiración natural en cualquier relación, profesional o no. Sin embargo, de la autenticidad al abandono del rol hay una larga distancia.

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Saber estar (1/5): una competencia esencial

Escrito a las 6:00 am

Aunque suene exagerado, los conocimientos técnicos se han convertido prácticamente en commodities. Es decir, hoy día son mercancías casi indiferenciadas. El mercado compra y vende todos los días servicios de ingeniería, abogacía, medicina o finanzas. En parte por la afortunada popularización del conocimiento, salvo un grupo muy reducido de profesionales altísimamente especializados, cada vez más la excelencia en el puesto de trabajo no deriva del conocimiento técnico, sino de las habilidades transversales.

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Estrategia, inconformismo y cultura del post-it

Escrito a las 6:00 am

Es imposible no reconocer el embrujo que ejerce sobre nosotros lo nuevo, lo original. Las huellas de la fascinación por ese tipo de genio que es capaz de hacer lo que nadie espera se hunden más allá de donde la memoria de la humanidad alcanza. Sea en la literatura, en la exploración espacial o en los videojuegos, a las personas nos magnetiza lo nuevo, lo diferente, lo que se sale del guión. Y hoy eso es sinónimo de vender más y de vender mejor. La pregunta que surge entonces es cómo fomentar la aparición de nuevas ideas en una organización, si todos los esfuerzos se centran en seguir una estrategia predefinida. En plena fiebre de los post-its urge preguntarse cómo resolver esta inquietante paradoja.

Tal vez estemos ante un nuevo paradigma. Las mismas empresas que a finales del siglo pasado adoraban la filosofía del sagrado pensamiento estratégico, hoy enfrentan una realidad ineludible, y es que han de animar la ideación disruptiva. Hoy la agilidad de los procesos de manufactura y, sobre todo, la existencia de productos y servicios digitales, hacen que sea muy posible lanzar algo nuevo en un tiempo cada vez menor. En el fondo, lo único que ha hecho la cultura de la innovación es poner de manifiesto el hambre de lo original que siempre ha existido en el alma de las personas. Lo que antes ocurría era que no existía la capacidad de satisfacerlo. Por eso cualquier empresa, en cualquier sector, y sean quienes sean sus clientes, debe innovar. Aunque solo sea porque su competidor más directo sí lo hace.

Sin embargo, aquí aparece una contradicción difícil de resolver, y es que las organizaciones han alcanzado la excelencia fundamentalmente a base de crear entornos predecibles. De hecho, la capacidad de pronosticar la eficiencia y la eficacia de un proceso es precisamente uno de los atributos de la ya anciana cultura de la calidad. Es una verdad obvia que lo previsible y lo imprevisto responden a procesos mentales diferentes, tanto que son opuestos. Así que la pregunta es cómo vamos a hacer para que a los profesionales dentro de una organización se les ocurran ideas divergentes, si están invirtiendo el total de sus jornadas en ejecutar la estrategia con la mínima desviación posible. Muchos de estos profesionales se enfrentan hoy ante un post-it vacío en una sesión de design-thinking con la clara y frustrante sensación de que ni les contrataron para tener ideas, ni saben cómo hacerlo.

Antes esta paradoja se resolvía de una manera muy simple, porque la creatividad estaba confinada a los departamentos de marketing. Es decir, se permitía que unos pocos miembros de la organización, recluidos en un departamento con reglas diferentes, se soltaran la melena y dibujaran planteamientos nuevos. Pero ese permiso estaba escrito en sus funciones, y así quedaba claro que el resto de la organización no debía verse contaminado por el virus de la originalidad.

Pero hoy esto no es posible, porque nunca se sabe dónde van a surgir las buenas ideas. Así que vamos a tener que empezar a pensar seriamente en sacar a pasear al viejo y trasnochado inconformismo, ese que nos hemos pasado décadas intentando arrinconar y debilitar, para que nos ayude a rellenar nuestros post-its. Y, más allá de eso, tendremos que enseñar a la sagrada estrategia a dialogar con él.

 

Originalmente publicado en: www.dirigentesdigital.com

Bs y abz: ¿por qué nos despedimos así?

Escrito a las 6:00 am

Un buen día pasamos de las cartas a los emails, y de ahí a la mensajería instantánea. Y de los días de espera para obtener una respuesta pasamos a las horas, y luego a los minutos o segundos. Y en ese preciso momento nuestra vida entró en un espacio de diálogo constante, donde no se abre una conversación ni se cierra, sino que siempre se mantiene abierta. En ese flujo dialógico ininterrumpido dejaron de tener sentido las fórmulas de apertura y cierre de las antiguas cartas. O casi.

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